Un lugar olvidado con gente que aún habita las tierras que supieron ser una gran mina productora de Oro. 
Lejos quedaron esos días donde unas seis mil familias provenientes de diferentes partes del país y hasta del mundo, llegaban a trabajar y a forjar sus destinos. 

 

La vida sin la mina ya no es la misma. La falta de trabajo, la escasez de agua potable y la soledad; golpean duro a los lugareños que hoy defienden la existencia de éste sector de Marayes en la ciudad de Caucete. 
Los campos en la ruta camuflan un ingreso que pasa casi desapercibido. No cualquier encuentra la puerta a éste lugar. 

 

 

No más de doscientos metros bastan recorrer para encontraste con ranchos humildes y gente muy amable; que no duda un instante en brindar confianza a quienes deciden aventurarse al ingreso.

 

Sorprende entre las casitas  una escuela gigante donde los niños tienen la posibilidad de no sólo estudiar sino también comer y pasar la mayor parte del día, mientras los jefes de familia luchan a diario por la subsistencia del hogar. Si bien cuentan con Internet gracias a la antena de WI FI de la Escuela República de Bolivia y con energía eléctrica, la falta de Agua potable complica la cotidianeidad.

"Hay dos clases de pobres: los que son pobres juntos y los que lo son solos. Los primeros son los verdaderos, los otros son ricos que no han tenido suerte" (Jean-Paul Sartre)

Las mujeres esperan el camión que les suministra agua para consumo, mientras que los hombres salen al campo en busca de leña que luego venden para poder llevar dinero al rancho. Esto si todo sale bien, ya que usualmente no pueden “hachar”  por la protección de medio ambiente en los campos. 

 

La paz del lugar, el sol fuerte, la brisa y su tierra colorada hacen de este lugar un paisaje maravilloso, donde se guardan historias sorprendentes.