La investigación por los restos óseos que salieron a la luz tras las lluvias torrenciales del 30 de enero en San Juan tuvo un giro definitivo. Un estudio minucioso realizado sobre las dentaduras de los cráneos hallados en la zona de Marayes, en Caucete, confirmó que pertenecen a pueblos originarios.
El estudio dental que fue clave para determinar el origen de los restos óseos
El análisis estuvo a cargo de un equipo interdisciplinario que examinó especialmente las piezas dentales. Según explicó un perito del Laboratorio Forense de San Juan que intervino en la causa, las dentaduras no presentaban ningún tipo de tratamiento odontológico, un dato clave que permitía inferir la antigüedad de los restos.
Pero el elemento determinante fue otro: las piezas mostraban desgastes compatibles con prácticas habituales en comunidades indígenas. Los especialistas detectaron marcas producidas por el uso de la boca para sostener hebras y fibras —posiblemente vinculadas a tareas artesanales— y señales asociadas al consumo de alimentos como molienda de granos y raíces. Estas características reforzaron la hipótesis de que se trata de restos humanos de pueblos originarios.
En total, el informe concluyó que los huesos pertenecen a cinco personas: tres adultos —un masculino, un femenino y uno cuyo sexo no pudo determinarse— y dos subadultos, término utilizado para describir a individuos que se encontraban entre la niñez y la adolescencia.
Otro indicio relevante fue la extrema fragilidad de los huesos, rasgo que coincide con hallazgos arqueológicos anteriores en la provincia, como ocurrió una vez en Calingasta. A partir de estos elementos, los investigadores sostienen que en el lugar podría haber funcionado un antiguo cementerio.
En los restos humanos no se detectaron signos de violencia perimortem, es decir, lesiones producidas en torno al momento de la muerte.
La causa es investigada por la UFI Delitos Especiales, a cargo del fiscal Francisco Nicolía y la ayudante fiscal Gemma Cabrera.
Con el resultado de los análisis odontológicos, la incertidumbre inicial quedó atrás: los restos descubiertos en Marayes no corresponden a un hecho natural o criminal reciente, sino que forman parte del pasado ancestral de la región.