En lo que ya se ha convertido en una costumbre y en otro gesto simbólico que graficó su relación de amistad incondicional con Israel -inmerso en uno de sus momentos dramáticos-, lo primero que hizo el presidente Javier Milei este domingo tras aterrizar en el aeropuerto Ben Gurion de Tel Aviv antes del mediodía local (las 6 de la Argentina), fue ir a rezar al Muro de los Lamentos, el lugar más sagrado del judaísmo.
Por la tarde, Milei se reunió con el primer ministro israelí, Banjamin Netanyahu, que enfrenta un momento de máxima tensión por la guerra con Irán. El encuentro fue en la oficina del premier y, según se informó, firmaron acuerdos sobre transporte aéreo -el ya anunciado vuelo directo Tel Aviv-Buenos Aires de la aerolínea estatal israelí, El Al- e inteligencia artificial.
Luego, sellaron los ‘Acuerdos de Isaac’, por iniciativa del presidente Milei, para fortalecer los vínculos entre Israel y los países de América Latina. En el evento participaron los ministros de Asuntos Exteriores, Finanzas y Transportes, así como el embajador de Estados Unidos en Israel y el director general de El Al.
Netanyahu publicó en su cuenta de X un video en el que se lo ve de muy buen humor abrazando a Milei y a su hermana, Karina. “Bienvenido a Israel, bienvenido a Jerusalén, mi amigo, Presidente de Argentina Javier Milei, un gran amigo del Estado de Israel. Israel y Argentina están juntas, más fuertes que nunca”, escribió.
La visita de Milei significa una bocanada de oxígeno para “Bibi” Netanyahu, que está siendo seriamente cuestionado a nivel internacional (acusado de crímenes de guerra por la Corte Penal Internacional) y a nivel interno está siendo criticado por haberse sometido al dictado de su máximo aliado, Donald Trump, para un frágil cese del fuego en el Líbano (pedido por Irán, que sostiene al grupo chiita libanés Hezbollah).
En su tercera visita oficial al país -en la que se le rendirán honores sin precedente y participará de la celebración del 78 aniversario de la independencia-, a diferencia de las anteriores veces -en febrero de 2024 y junio 2025-, esta vez el Presidente no tuvo allí una recepción de “rockstar”, con multitudes aclamándolo.
Fiel reflejo del clima tenso, debido a una guerra sólo en pausa, en medio de máximas medidas de seguridad, vallados y guardaespaldas armados hasta los dientes, sólo decenas de personas estuvieron allí para saludarlo al grito de “¡Javier!” y “¡Presidente!” y cánticos hebreos. Vestido con su clásica campera de cuero negra y kippá en la cabeza, él no defraudó y respondió levantando la mano.
Acompañado por el rabino del llamado Kotel y el embajador argentino en Israel, Axel Wahnish, también rabino y su guía espiritual, el Presidente rezó, emocionado, durante varios minutos. Luego firmó un libro y, volviéndose a subir rápidamente a los dos Audi negros de la comitiva, evitó declaraciones ante el puñado de periodistas presentes. Lo acompañaron su hermana Karina, que rezó del lado de las mujeres, vestida de negro, el canciller Pablo Quirno y el ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques.
Luego los miembros de la reducida comitiva se dirigieron finalmente al hotel, que esta vez no es el clásico King David, sino el Waldorf Astoria Jerusalem, también un cinco estrellas de lujo, que fue elegido debido a medidas de seguridad.