El oficialista Eduardo Frei Ruiz-Tagle busca, a los 67 años, un segundo mandato como presidente de Chile. Segundo en las encuestas después del derechista Sebastián Piñera, Frei es el candidato con más chances de pasar al ballotage, aunque el independiente Marco Enríquez Ominami le pisa los talones.
Frei deberá contrarrestar el lastre que le genera ser el candidato de la Concertación gobernante, que llega a las elecciones con signos de fracturas internas y con algunos problemas de corrupción en el gabinete.
A diferencia de su primera vez, cuando ganó en primera vuelta, con el respaldo de su apellido y la brisa refrescante de una transición exitosa, ahora Frei ha debido templar su mensaje y extremar sus recursos de campaña.
Una tarea difícil para un político que, según sus asesores, "no despierta a primera vista una pasión en torno a él", pero encarna "seguridad y visión de Estado".
Una nueva Constitución ha sido la bandera de batalla de Frei en esta campaña: Se trata de una propuesta atrevida del político democristiano que gobernó Chile entre 1994 y 2000, pues la Carta Magna vigente es básicamente la misma que impuso el dictador Augusto Pinochet en 1980. Una Constitución, según los analistas, contaminada con "amarres autoritarios". También expuso 17 iniciativas en derechos humanos, tales como la derogación de la ley de amnistía que Pinochet impuso en 1978 para garantizar la impunidad de los represores.
Según sus allegados, la sensibilidad de Frei frente a los derechos humanos ha crecido en la medida que han surgido evidencias de que su padre, el también ex presidente Eduardo Frei Montalva (1964-1970) murió presuntamente envenenado por la dictadura en 1982.
Este ingeniero nacido en 1942, aficionado al fútbol y que fue empresario antes de dedicarse a la política, tuvo un primer mandato de seis años que coincidió con el despegue económico de Chile, salvo en su última etapa, cuando el país fue golpeado por la crisis asiática.
El candidato, casado y padre de cuatro hijas, ha sido criticado por su respuesta a esa crisis, pero ha sostenido que el país pudo enfrentarla sin endeudarse.
Su gobierno también emprendió ambiciosas reformas en la administración de justicia y la educación. Frei Ruiz-Tagle fue el segundo presidente de la Concertación de Partidos por la Democracia, después del ciclo que inició en 1990 el también democristiano Patricio Aylwin y que después continuaron los socialistas Ricardo Lagos (2000-2006) y Michelle Bachelet (2006-2010).
Una coalición que tuvo la virtud de unir antiguos adversarios en un período óptimo para Chile.
Al finalizar la presidencia, Frei ejerció como senador vitalicio hasta 2005, cuando ese cargo fue suprimido, pero ese mismo año ganó en las urnas un escaño y fue presidente del Senado hasta 2008.
Según Frei, la Concertación debe seguir en La Moneda para continuar la democratización, además de profundizar en las redes de protección social desarrolladas por Michelle Bachelet, que a su juicio se diluirán si gana el derechista Sebastián Piñera.
La Concertación aparece hoy resquebrajada por luchas internas, hasta el punto de que dos competidores de Frei -Jorge Arrate, de la izquierda extraparlamentaria y el independiente Marco Enríquez-Ominami- se escindieron de la coalición gubernamental.
Frei, que pese a todo sigue como favorito para competir con Piñera en una segunda vuelta, ha anunciado hasta ayer que, de ser así, el mismo día 13 llamará a los partidarios de ambos a unirse para derrotar a la derecha.