Del sufrimiento al desahogo: la Plaza 25 fue un templo de fe y pasión para celebrar la épica de la Selección

La remontada de la Selección ante Egipto desató una celebración multitudinaria en el corazón de San Juan. Familias, amigos y fanáticos coparon la Plaza 25 en una tarde cargada de emoción, alivio y esperanza.

La euforia contenida durante más de 100 minutos explotó apenas sonó el pitazo final. La heroica victoria de la Selección argentina frente a Egipto no solo selló el pase a los cuartos de final del Mundial: también convirtió a la Plaza 25 en un inmenso escenario de alegría, donde miles de sanjuaninos se abrazaron, cantaron y volvieron a demostrar que el fútbol tiene la capacidad de unir a toda una provincia.

El centro de la ciudad recuperó una de esas postales que quedan grabadas en la memoria aunque pasen los años. Banderas celestes y blancas flameando, camisetas de la Selección mezcladas con las de los clubes sanjuaninos, bocinazos, bombos y papelitos acompañaron una celebración que tuvo mucho de felicidad, pero también con algo de desahogo.

Porque eso fue, precisamente, lo que se respiró en cada rincón de la plaza. Después de sufrir durante todo el partido y ver cómo Argentina estuvo contra las cuerdas, los hinchas sanjuaninos encontraron en el triunfo una liberación. Familias completas, grupos de amigos, jóvenes, adultos y niños fueron llegando en autos, motos, bicicletas e incluso caminando para compartir un momento que sintieron como propio.

La distancia entre Atlanta, donde se disputó el encuentro, y San Juan pareció desaparecer por un rato. Esas casi 5 millas que separan Atlanta de San Juan, parecieron no sentirse en pleno corazón del microcentro sanjuanino. Mientras las imágenes de los jugadores argentinos celebrando todavía aparecían en las pantallas, las calles comenzaron a llenarse de vehículos con banderas por las ventanillas y bocinas que anunciaban que la Plaza 25 volvía a ser el lugar elegido para celebrar una alegría nacional.

La fe también tuvo su lugar entre los festejos. En medio de los abrazos y los cánticos aparecieron las historias de quienes nunca dejaron de creer, incluso cuando el marcador mostraba un 0-2 que parecía imposible de revertir. Fue el caso de Juana Alcaraz, quien llegó desde Rawson junto a sus hijos, nietos y hasta su mascota. Con una réplica de la Copa del Mundo entre las manos, contó que durante los momentos más difíciles del partido rezó para que llegara el milagro. "Le pedí a la Virgen y a Dios para que Argentina pudiera revertir el marcador. Sé que ayudaron a Messi", expresó emocionada.

Una historia similar relató Gladis, vecina de Villa Independencia, en Pocito, quien aseguró que nunca perdió la esperanza. "Le pedí a mi Virgencita de la Medalla Milagrosa y cumplió", dijo mientras seguía cantando junto a su familia y al resto de los hinchas.

Si hubo una imagen que resumió la tarde fue la convivencia de camisetas de todos los colores, algo que solo genera la Selección. Se vieron hinchas con prendas de San Martín, Sportivo Desamparados, Unión y otros clubes locales, todos mezclados bajo una única bandera: la de la Selección argentina.

De acuerdo con fuentes policiales, los festejos transcurrieron sin incidentes. Debido a la cantidad de gente, hubo que pedir refuerzos para garantizar la seguridad. De acuerdo con fuentes policiales, los festejos transcurrieron sin incidentes. Debido a la cantidad de gente, hubo que pedir refuerzos para garantizar la seguridad.

Los cánticos tampoco dieron tregua. El clásico "Que de la mano de Leo Messi, todos la vuelta vamos a dar" se convirtió en el himno de una multitud que no dejó de saltar ni de cantar. El eco de las voces se expandió por el microcentro que lució las calles desiertas y que solo dio lugar a los vehículos que seguían llegando a la celebración que se prolongó durante horas. Pasadas las 17, la Plaza 25 seguía recibiendo hinchas. La fiesta no encontraba un final porque el sentimiento iba mucho más allá de una clasificación deportiva. Era el desahogo de todo un pueblo que sufrió durante los más de 100 minutos que duró el encuentro.

"Lo que logra esta Selección es algo único. Mucho más en estos momentos que vivimos como país. Es una alegría inmensa que, aunque sea por un rato, nos hace olvidarnos de las preocupaciones", resumió Juan Carlos, uno de los tantos sanjuaninos que eligieron compartir la celebración en el corazón de la provincia.

Una vez más, la Plaza 25 de Mayo confirmó que cuando la Selección gana, se transforma en el gran punto de encuentro de los sanjuaninos: un lugar donde la pasión, la emoción y el sentido de pertenencia encuentran su máxima expresión.

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