El frío se metió en la previa de la Scaloneta: el centro, con pocas camisetas y mucho apuro por llegar a casa

La previa del partido de la Selección Argentina no mostró el movimiento de otras jornadas mundialistas. Entre vendedores ambulantes, comercios que cerraron antes de hora y algunos hinchas que desafiaron las bajas temperaturas, el centro sanjuanino se fue vaciando de a poco.

Faltaban pocos minutos para que rodara la pelota y el centro sanjuanino parecía tener más apuro que entusiasmo. El frío, que se hizo sentir desde temprano, terminó ganándole la pulseada a la clásica previa de la Selección Argentina. Esta vez no hubo bares desbordados ni largas filas buscando una mesa frente al televisor. La mayoría eligió refugiarse en su casa.

En los cafés del microcentro sanjuanino las mesas ocupadas eran contadas. Algunos chicos, envueltos en camperas y con la camiseta celeste y blanca asomando por debajo, compartían la merienda con sus familias mientras en las pantallas comenzaba a palpitarse el encuentro. Los grupos de amigos, habituales protagonistas de estas jornadas, fueron la excepción.

Una de las pocas postales futboleras apareció en un drugstore sobre avenida Ignacio de la Roza, antes de llegar a Rivadavia. Allí, un puñado de hinchas desafió la temperatura para seguir el partido en una pantalla gigante. Sin bombos ni cantos, pero con café y muchas ganas de alentar, resistieron al frío.

Sobre las veredas, los vendedores ambulantes intentaban aprovechar los últimos minutos antes del inicio del encuentro. Camisetas, banderas y vuvuzelas colgaban de improvisados puestos mientras buscaban convencer a los rezagados que pasaban apurados.

Y el apuro era, justamente, el denominador común. Algunos comerciantes bajaban las persianas antes del horario habitual. Otros directamente decidieron no abrir por la tarde o cerrar temprano. En las paradas, más de uno corría para alcanzar el colectivo. En los semáforos, las bocinas sonaban con insistencia, como si todos compartieran el mismo objetivo: llegar a tiempo para ver el comienzo del partido.

Con el correr de los minutos, el paisaje cambió. El tránsito fue disminuyendo, las veredas quedaron casi vacías y el bullicio del centro dio paso al silencio. La pelota todavía no empezaba a rodar, pero San Juan ya había elegido dónde vivir el partido: puertas adentro, al resguardo del frío, dejando una previa mucho más tranquila que la de otras noches en las que la Selección suele transformar las calles en una verdadera fiesta.

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