River Plate y Boca Juniors: Dos torres gemelas en una nube de confusión

River y Boca viven presentes similares. Cambios de timón que no dieron el resultado esperado, un presente complejo y un futuro con dudas.

Pasó el Mundial y el fútbol argentino volvió a la escena. Con sus limitaciones, con sus ironías pero presente y gusto del paladar nacional. Sus dos clubes insignes, sus colosos, están al borde del nocaut en apenas tres capítulos del Torneo Clausura de AFA.

River Plate y Boca Juniors están más parecidos que nunca. Los dos no han ganado aún en el ruedo local, los dos están hundidos en las posiciones y los dos dejan más dudas que certezas cada vez que entran a la cancha.

River apostó a Coudet antes del primer semestre. El Chacho llegó con plantel heredado pero se esperaba el paréntesis mundial para armarle el equipo con el menú en la mano. Quince bajas, primer golpe. Luego, llegadas estelares, nombres con historia y con presente. Una defensa de campeones del mundo, Angelito Correa de plus, y mucho delantero con recorrido como Lucas Beltrán o Rafael Santos Borré. En la teoría, equipazo. En la teoría, un Fórmula Uno pero Coudet aun no pudo manejarlo a fondo. Es más, parecería que lo chocó ya un par de veces y la acumulación de derrotas consecutivas, le puso en suspenso la licencia de conductor. Su mensaje parece no llegar al grupo. No le encuentra la vuelta y a esta altura, no tiene ya pretextos.

El sábado próximo tendrá una salida durísima ante Tigre en Victoria. Un Matador que viene entonado, que de local se potencia y que podría darle el toque de gracia a un proceso que muríó antes de nacer. Se vienen días intensos porque el 12, el otro miércoles, tendrá que ir a Colombia abriendo los Octavos de Final ante Independiente Santa Fe. River necesita reaccionar ya. El ciclo del Chacho ya no tiene bendiciones de nadie. Están solos y solos tendrán que salir de este abismo. Ya quedaron fuera de Copa Argentina, últimos en el Clausura y podrían salir de la Sudamericana. Demasiada presión para sostenerse.

UN ESPEJO

En Boca, el panorama no es mejor. En medio del Mundial, el regreso del Vasco Arruabarrena con la bendición de Juan Román Riquelme como para rearmar un grupo que se quedó sin Libertadores antes de tiempo. El rearmado no fue tan cruento como en River pero se fueron nombres de peso como Cavani, pero el recambio no rindió. El regreso de Seba Villa fue una de las banderas de la renovación y en la cancha, aún no se vio nada. Apenas ese angustioso pase a Octavos de Final de la Sudamericana perdiendo feo en Chile contra O'Higgins dio algo de sustento a este proceso. En el local, nada de nada. Dos derrotas, un empate. Una marcha desteñida para un plantel que fue ideado para otro rendimiento.

Se viene Vélez primero, sabiendo que el equipo del Mellizo Barros Schelotto es complicado. Luego, el martes abrirá la serie de los Octavos de Sudamericana recibiendo a Recoleta paraguayo. En apenas 96 horas, el ciclo del Vasco tendrá dos exámenes finales.

No son dias felices para los colosos del fútbol argentino. Las dos torres gemelas parecen sostenerse en pilares de barro. Se vienen días definitorios con demasiado en juego en tan solo 90 minutos de un juego llamado fútbol pero que en esta parte del mundo, parece vida misma.

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