Terminó con el corazón en la boca. Metido en su área y aguantando como sea a un atrevido Social San Juan que cerró el partido con cinco jugadores de campo y sin arquero buscando el empate. Pero se le dio nomás. El Sindicato Empleados de Comercio (SEC) ganó porque hizo valer su sana costumbre. Esta vez mostrando la chapa de león en los momentos desfavorables y afirmándose en el oficio de sus jugadores cuando tuvo la chance de herir. Fue por 7-6. Tablero cerrado que alargó las emociones hasta el silbato final. Que por ahí resultó demasiado castigo para el entusiasta y digno Social San Juan. Porque el Decano, con un planteo inteligente, tuvo por momentos casi nocaut al campeón del torneo pasado. Y sucumbió en la recta final porque le faltó esa cuota de frialdad para enfrentar una situación extrema. Lo maravilloso fue el partido. Porque, al margen de las infracciones, del sinnúmero de protestas y de un flojo arbitraje (a Monfort y González les faltó equilibrio al cobrar, porque no midieron con la misma vara sus decisiones), las acciones de juego resultaron parejas, emotivas y con brillo permanente.
