11 de noviembre de 2018 - 00:00

La gente armó su carnaval

Decisión. El chileno Tobar y sus colaboradores salieron al campo de juego y probaron el pique de la pelota como prueba irrefutable de que no se podía jugar. La Bombonera quedó bajo el agua.

La parcialidad de Boca armó un auténtico carnaval bajo el agua, mientras la lluvia arreciaba y los dirigentes de la Conmebol todavía no habían resuelto algo que parecía un secreto a voces: la suspensión del Superclásico.

Desde temprano, los hinchas xeneizes empezaron a poblar una Bombonera cuyo campo de juego mostraba los primeros inconvenientes por los más de 75 milímetros de agua que cayeron en la ciudad de Buenos Aires desde las 7.30, y que generaron múltiples complicaciones para llegar al estadio.

Sin embargo, la tormenta no cesó en ningún momento desde las 14, tres horas antes al horario previsto para el arranque del encuentro.

A esa altura de la tarde, gris y plomiza, la cancha ya mostraba ocupada un 50 por ciento de su capacidad. Solamente las dos bandejas superiores de ambas cabeceras populares y la platea media lucían despobladas. Pero a la gente de Boca no le importaba la lluvia y empezó con la batería de hits en los que no sólo cargó a River por el descenso a la B Nacional en 2011 sino también le profirió una advertencia a su propio plantel con: "Jugadores, jugadores, no se los decimos más; la Copa Libertadores de La Boca no se va".

El público ya había entrado en clima y, acto seguido, despachó sus dardos contra la Conmebol. Pero tampoco el presidente del club, Daniel Angelici, quedó a salvo de las críticas de la gente, a punto tal que los insultos hacia la máxima autoridad también pudieron escucharse.

Los hinchas, a esa altura, ya habían sorteado miles de peripecias para llegar a la cancha sin mojarse. Desde tomar tablones de una obra en construcción cercana para hacer una suerte de puente y evitar las aceras inundadas, hasta comprar esos pilotos de tela que se expendía a módicos 50 pesos.

A las 15.12, en tanto, se vivió una situación que marcó el destino de la tarde: la terna arbitral encabezada por el chileno Roberto Tobar ingresó al césped que, a esa altura, mostraba charcos en ambos costados del campo de juego, inclusive cerca de la zona de los palcos.

El juez internacional recorrió la cancha, intentó hacer correr el balón y determinó que la pelota se estancaba en los sectores más anegados. A esa altura, la parodia del árbitro Tobar estaba consumada, porque hasta el propio chileno sabía que las autoridades ya habían resuelto suspender el partido.

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