En Tucumán fue a medias. Sin gente en las tribunas. Con muy poca luz. 838 kilómetros separaron La Ciudadela de Puyuta. Hubo que esperar un día, pero valió la penal y ya todo cambió. La vuelta olímpica en casa, con su gente, siendo ovacionados, y para sentir en conjunto lo mismo que el hincha se dio. Minutos antes de las 21, el plantel se asomó por la esquina de la cancha, el portón se abrió y pisaron su suelo. El que los acunó toda la temporada, donde se formó y forjó este equipo. Detrás los hinchas, los que no pidieron ir a Tucumán. Y así, el clásico giro en su estadio empezó con 6.000 hinchas distribuidos por todos lados.
Mauricio Del Cero, Hernán Lamberti, Diego Aguiar y Augusto Alvarez fueron quienes encabezaron el grupo. Las caras de asombro, que el día anterior fue los hinchas cuando asistieron al mismo lugar a festejar, se trasladó a los jugadores. “No lo puedo creer, nunca imaginé que nos recibieran así. Esto es único”, reflexionó Aguiar mientras el público los abrazaba y les agradecía por el logro.

