22 de febrero de 2026 - 07:00

Piel post vacaciones

La Doctora Lourdes Alcaide especialista en dermatología responde los cuestionamientos que muchas mujeres se hacen después de estar expuestas al sol por las vacaciones. Rutinas, tratamientos, manchas y otros puntos clave para cuidar la piel del rostro.

Los daños cutáneos no siempre son visibles de inmediato, y advierten por riesgos de enfermedades adquiridas cuando estamos expuestos al sol y al aire libre. Exposición prolongada al sol, contacto con sal y cloro, alteraciones en la rutina y mayor consumo de alcohol y alimentos ultraprocesados generan daños en la piel que muchas veces no se evidencian de inmediato.

¿Cómo luce la piel luego de la exposición solar, el mar, el viento, el cloro o la montaña?

Posterior a la exposición intensa a factores ambientales como el sol, el mar, el viento, el cloro de la pileta, la mayor vida al aire libre la piel suele mostrar lo que disfrutamos, pero también los desafíos a los que se expuso. Por eso podemos verla inflamada y deshidratada. Observamos la piel más seca, con textura irregular, sensible y, en algunos casos, con manchas. Esto ocurre porque se daña la barrera cutánea (que es nuestra primer defensa) y pierde su capacidad de retener agua. Además, aumenta el estrés oxidativo que es lo que acelera el envejecimiento. La piel no olvida lo que vivimos al sol; pero cuando la cuidamos a tiempo, también puede regenerarse.

¿Cuáles son los pasos a seguir para ir mejorando?

hidratar

Cuando una piel estuvo expuesta al sol, al viento, al mar o a la altura, no necesita soluciones milagrosas sino una estrategia inteligente. Lo podemos resumir en tres pilares fundamentales: reparar, rehidratar y proteger. El primero es reparar. Gran parte del daño ambiental es inflamatorio y muchas veces invisible. Restaurar la barrera cutánea, favorece a la regeneración y permite que la piel vuelva a funcionar como una piel sana, no solo que se vea mejor. El segundo pilar es rehidratar. La hidratación no es un gesto cosmético; es una necesidad básica de la piel. Una piel hidratada es más resistente, más luminosa y tolera mejor el paso del tiempo. El tercero es proteger. La fotoprotección diaria no debería ser estacional, sino un hábito de salud. Hoy sabemos que gran parte del envejecimiento cutáneo está vinculado a la exposición solar acumulada, y prevenir ese daño cambia el futuro de la piel. Me gusta transmitir una idea simple: la verdadera belleza cutánea no es la que se logra rápido, sino la que se sostiene en el tiempo. Cuando cuidamos la biología de la piel, el resultado estético aparece como consecuencia natural.

¿Qué sucede con el engrosamiento de la piel?

El engrosamiento de la piel es un mecanismo de defensa natural. Cuando la piel se expone de manera repetida al sol, al viento o a climas extremos, tiende a volverse más gruesa como forma de protegerse de la agresión externa. La podemos notar más opaca, con textura irregular, menos luminosa y hasta más áspera al tacto. Esto ocurre porque se altera el proceso normal de renovación celular. Tanto el engrosamiento de la piel como el bronceado son sinónimos de una piel que se está defendiendo de la agresión externa. Es por eso que también decimos que no existe el bronceado saludable. La buena noticia es que es un proceso reversible cuando se aborda correctamente. Acompañar la renovación cutánea con tratamientos adecuados y mantener una rutina que respete la barrera permite que la piel recupere suavidad, luz y calidad. Cuando la piel funciona bien y está sana no necesita defenderse y se ve más saludable.

¿Y, cuando aparecen las temidas manchas?

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Como solemos explicar en dermatología, las manchas no aparecen de un día para el otro; son la manifestación visible de la exposición solar acumulada y, en muchas personas, también de una predisposición a pigmentarse con mayor facilidad. Por eso trabajamos de manera estratégica a lo largo del año. El invierno es el momento ideal para indicar tratamientos que ayuden a mejorar el pigmento y unificar el tono de la piel. En cambio, durante el verano el foco está puesto en mantener los resultados y, sobre todo, en prevenir la aparición de nuevas manchas. Aun con todos los cuidados, la radiación solar puede actuar como un verdadero “resaltador”, haciendo que pigmentaciones que estaban latentes se vuelvan más visibles. Sin embargo, esto no debe generar frustración: hoy contamos con múltiples herramientas para tratarlas y lograr una piel más uniforme, desde cremas específicas hasta procedimientos dermatológicos, tecnología avanzada y también tratamientos despigmentantes y antioxidantes vía oral que han demostrado muy buen resultado. La clave está en entender que el manejo de las manchas no es un tratamiento aislado, sino un proceso continuo que combina corrección y prevención. Cuando se trabaja con planificación y seguimiento profesional, los resultados suelen ser altamente satisfactorios.

Tratamientos a realizar antes del invierno

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El período previo al invierno es una etapa clave para planificar la recuperación de la piel después del verano. Con la disminución de la radiación solar, podemos iniciar tratamientos que mejoren la calidad cutánea de manera progresiva y segura. En esta época solemos comenzar con procedimientos suaves que preparan la piel para intervenciones más profundas. Las limpiezas dermatológicas, la dermoabrasión y los tratamientos de reparación cutánea e hidratación como plasma rico en plaquetas así como tratamientos inyectables como bioestimuladores y skinboosters, devuelven colágeno y ácido hialurónico a la piel. Estos ayudan a renovar la superficie y devolver luminosidad sin generar una agresión excesiva. También es un muy buen momento para incorporar ácidos renovadores celulares a la rutina y realizar peelings superficiales, que favorecen la regeneración de la piel. A medida que avanzamos hacia los meses más fríos, podemos planificar tratamientos de mayor impacto, como tecnologías láser, luz pulsada o procedimientos inyectables, siempre indicados de forma personalizada. El invierno ofrece el contexto ideal para realizarlos por la menor exposición solar que optimiza la recuperación y los resultados. Pero hay un concepto fundamental que me gustaría resaltar: la piel no se mejora de manera aislada, se trabaja con una planificación anual. Así como planificamos nuestro año en tantos aspectos de la vida, también es un gran momento para pensar qué queremos para nuestra piel. Una planificación anual permite acompañar sus tiempos naturales y trabajarla según las necesidades y objetivos de cada mujer.

¿Se puede hacer peelings en esta época del año?

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Los peelings son grandes aliados en esta época del año porque nos ayudan a eliminar las células superficiales dañadas y a estimular la renovación de la piel. Además, la menor intensidad solar nos brinda un contexto más seguro para realizarlos y potenciar sus resultados. Es importante entender que no todos los peelings son iguales. Existen diferentes tipos y la elección siempre debe ser personalizada. En este momento solemos indicar peelings superficiales, que son ideales para devolver brillo, mejorar la textura y emparejar el tono de la piel de manera progresiva. A medida que avanzamos hacia el otoño, podemos recurrir a peelings de mayor profundidad para trabajar signos de fotoenvejecimiento y lograr un impacto más visible en la calidad cutánea. Cómo estrategia integral, podemos acompañarlos con el cuidado domiciliario que cumple un rol fundamental: incorporar activos renovadores celulares favorece el recambio, prolonga los resultados y acompaña el proceso de regeneración.

¿Cómo se reconoce qué tipo de piel tiene cada una?

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Reconocer el tipo de piel es el primer paso para cuidarla correctamente. En términos generales, podemos hablar de pieles secas, seborreicas o grasas, sensibles y también de pieles mixtas, que combinan características de varias. Pero más allá de esta clasificación, lo más importante es aprender a observar cómo se comporta la piel. La piel seca suele verse más opaca, puede presentar descamación y es frecuente que se sienta tirante, especialmente después de la limpieza. Es una piel que necesita reforzar la hidratación para recuperar confort y luminosidad. La piel seborreica o grasa, en cambio, tiende a mostrar poros más evidentes y mayor brillo. Puede presentar comedones (los conocidos puntos negros) y, en algunos momentos como el período premenstrual, pueden aparecer pápulas o pústulas que son lesiones de acné. Las pieles sensibles son aquellas que se enrojecen con facilidad o que han presentado reacciones frente a ciertos cosméticos o factores ambientales. Suelen requerir rutinas más cuidadosas y productos específicamente formulados para no alterar la barrera cutánea. Sin embargo, hay algo fundamental: el diagnóstico cutáneo no es estático. La piel cambia con las estaciones, con el paso del tiempo, con las hormonas y con el estilo de vida. La piel es un órgano vivo, y como todo lo vivo, cambia. Por eso, las rutinas deben personalizarse según cada piel, pero también revisarse periódicamente para acompañar sus nuevas necesidades.

¿Cuál es la rutina de skincare recomendada para este tiempo?

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Más que seguir modas, la rutina de skincare debería ser siempre simple, efectiva y adaptada a cada piel. En general recomiendo un enfoque minimalista: pocos productos, pero bien elegidos. Cuando la rutina es adecuada, la piel funciona mejor y también se vuelve más predecible. Hay tres pilares que no cambian con las estaciones: una limpieza acorde al tipo de piel, una hidratación que aporte confort sin sobrecargar, y la fotoprotección diaria, que sigue siendo la herramienta más poderosa para prevenir el daño cutáneo. En esta época del año podemos incorporar activos que ayuden a la piel a recuperarse del estrés ambiental. Durante el día, antioxidantes como la vitamina C son grandes aliados para aportar luminosidad y combatir el daño oxidativo, mientras que el ácido hialurónico favorece la hidratación y ayuda a que la piel se vea más fresca. Por la noche, es un buen momento para comenzar (de manera progresiva) con renovadores celulares. Aunque la intensidad solar disminuye, todavía hay radiación, por lo que deben elegirse según la sensibilidad y el tipo de piel de cada persona. Bien indicados, estos activos estimulan el recambio celular y mejoran visiblemente la textura. Me gusta transmitir una idea simple: “una buena rutina no es la más extensa, sino la más inteligente”. Cuando combinamos constancia con productos adecuados, los cambios en la piel no tardan en notarse. El diagnóstico cutáneo no es algo estático. Cómo dije, la piel es un órgano vivo y cambiante. Por eso, lo que una piel necesita hoy puede no ser lo mismo que necesite en unos meses. No se trata de usar más productos, sino de usar los adecuados en el momento adecuado. Un concepto importante para resaltar es que adquirir una rutina de cuidado debería ser un hábito si buscamos una piel sana a corto y sobre todo a largo plazo. Cuidar la piel es mucho más que un gesto estético; es una forma de invertir en cómo queremos envejecer.

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