Se frotó las manos, refregó sus ojos, se acomodó el cuello de su campera, se agachó balanceando sus hombros. La ansiedad parecía carcomer a Carlos Alberto Camargo (24) en el banquillo de los acusados, donde ayer intentó revertir, con su declaración, la dura acusación en su contra con un argumento previsible, pero endeble: buscó alejarse del papel de provocador violento que a trompadas, patadas y pedradas en la cabeza, terminó con los días de Emanuel Alejandro Mayorga (20) joven que en vivía situación de calle y tuvo la poca fortuna de cruzárselo borracho a la salida de un cumpleaños. Ante el juez Maximiliano Blejman, el fiscal José Eduardo Mallea y su propio defensor Rolando Lozano, Camargo dijo que la madrugada del 30 de diciembre de 2012 ocurrió todo al revés de lo que sostiene Fiscalía, porque fue Mayorga el que lo provocó diciéndole cosas de su madre o no tenerle miedo por su apellido. Dijo además que al menos dos ocasiones salió hacia afuera de la casa abandonada en calle Mosconi, Trinidad, Capital, donde bebían con otros tres jóvenes, y que en la tercera ocasión se defendió del ataque de ese muchacho, al que le temía porque era mayor y hasta más alto que él. Admitió que le dio una piña, cayó encima suyo y forcejearon 4 o 5 minutos hasta que encontró una piedra o un ladrillo y lo golpeó dos veces en la boca. Hasta insinuó que las múltiples y letales quebraduras que sufrió Mayorga pudo causarlas el único testigo de ese problema, Ezequiel Cinelli, pues luego de que él desistiera de golpearlo, evitó que ese joven le pegara a Mayorga, se fue del lugar e instantes después Cinelli lo alcanzó en la calle haciéndole fiesta, felicitándolo por lo que había hecho.
