El de ayer iba a ser un día especial para Juan Carlos Caballero. Después de llevarse un mal trago cuando se enteró que el menor de sus tres hijos había chocado uno de sus autos la noche anterior en Rivadavia, se había planteado no dejarse amargar por ese infortunio, porque en la tarde de ayer tenía pensado cerrar la operación de compra de otro vehículo. Se levantó temprano y enfiló hacia el registro del automotor para ver si el vehículo no tenía ninguna anomalía y así fue. Entusiasmado, se fue junto a otro de sus hijos a un banco del centro capitalino, retiró los 18.000 pesos que le hacían falta para la transacción, los guardó en una agenda y de ahí se fue en un remis hasta su casa de Rawson. Pero no fue un trayecto sencillo por el miedo de que alguien le robara su dinero. A metros de llegar, el alivio al pensar que no sucedería nada. Y ahí lo impensado: apenas bajó del remis, un delincuente lo tomó de atrás en la vereda de su vivienda mientras un cómplice lo vigilaba de frente y un tercero los esperaba a unos pasos, en dos motos. Forcejearon y cayeron al piso. Ahí, el ladrón logró quitarle la agenda con la plata. Aunque el hombre manoteó a los gritos al malviviente, no pudo evitar que los ladrones huyeran. Él, junto al remisero y sus hijos, salieron a perseguirlos pero fue inútil.
