Carlos Gonzalo Rivero declaró durante ocho minutos ante el juez de garantías, Federico Rodríguez, y negó haber asesinado a su esposa, Camila Agustina Vecchiarello. En su versión de los hechos, aseguró que la joven se provocó las heridas con los cuchillos durante una discusión porque él había decidido regresar a Salta tras quedar de baja del proceso de ingreso a Gendarmería. También afirmó que desconocía que Camila estaba embarazada, dato que surgió de la autopsia.
Rivero sostuvo que el sábado por la noche le comunicó a Camila que pensaba regresar a su provincia porque no podía permanecer en San Juan sin dinero. Según su relato, ella se habría puesto agresiva y habría roto cuadros, fotografías y otros elementos del departamento. “Yo en ningún momento la golpeé”, afirmó frente al magistrado.
El acusado contó que durante la noche de esa jornada ambos salieron del departamento, fueron a la casa de una integrante de Gendarmería y posteriormente fueron a comprar alimentos. Dijo que regresaron cerca de las 22.30 horas y que él comenzó a preparar la comida mientras Camila permanecía en la habitación.
De acuerdo con su declaración, la discusión se produjo cuando volvió a plantearle que se iría a Salta. Rivero aseguró que Camila se negó y le manifestó que, si él se marchaba, se quitaría la vida. En ese momento, según su versión, él tenía un cuchillo en la mano porque estaba pelando papas y ella habría intentado atacarlo.
“Ella me tiró un puntazo y me cortó, pero yo no le hice nada”, relató. Luego sostuvo que le pidió que se fuera a la casa de una compañera y que, tras hablar con su madre que se encuentra en Salta, Camila regresó al comedor y volvieron a discutir sobre la posibilidad de que él abandonara San Juan.
Fue entonces cuando, según Rivero, Camila tomó un cuchillo y se lo clavó en el cuello. El acusado aseguró que la joven salió hacia el pasillo, se resbaló con la sangre y luego se habría provocado otra herida en el otro lado del cuello.
“Se puso loca y empezó a darse cuchillazos”, afirmó Rivero, quien de esa manera rechazó de plano la reconstrucción presentada por la Fiscalía, que sostiene que él golpeó a Camila y luego la atacó con dos cuchillos hasta provocarle la muerte.
El acusado también explicó qué hizo después. Dijo que intentó asistirla y que llegó a sacarle la lengua porque se estaba ahogando, pero que Camila lo mordió. Según su relato, finalmente la joven murió dentro de la habitación del departamento y no en el pasillo, como previamente había expuesto el fiscal Adolfo Díaz.
Rivero reconoció que posteriormente pensó en suicidarse porque se sentía responsable por no haber podido hacer nada para salvarla. Explicó que utilizó el segundo cuchillo para cortarse el cuello y el pecho y que su intención era morir junto a ella.
“Yo sabía que me iban a culpar, pero nunca fui agresivo”, sostuvo durante su declaración. También insistió en que el hecho no ocurrió cerca de la 1 de la madrugada, como sostiene la acusación fiscal, sino antes.
Uno de los momentos centrales de su declaración estuvo relacionado con el embarazo de Camila. Rivero aseguró ante el juez que no sabía que su esposa estaba embarazada. La existencia del embarazo fue conocida a partir de la autopsia realizada al cuerpo de la joven, un dato que ahora forma parte de la investigación del femicidio.
La teoría de fiscalía
La Fiscalía, en cambio, sostiene una reconstrucción completamente diferente. Según la acusación, Rivero habría atacado primero a Camila con golpes y luego con un cuchillo, provocándole múltiples heridas en el rostro y las manos, consideradas compatibles con lesiones defensivas. Posteriormente, habría utilizado otro cuchillo para provocarle dos profundas heridas en el cuello, que le ocasionaron una hemorragia severa y la muerte.
Ante esto, el juez Rodríguez dictó un año de prisión preventiva para Carlos Gonzalo Rivero. Además, se estableció el mismo plazo, 12 meses, para avanzar con la investigación del caso. El joven salteño quedó imputado por el delito de homicidio agravado por el vínculo y por mediar violencia de género