Ni el viento Zonda, con sus ráfagas persistentes y el polvo suspendido en el aire, pudo impedir que San Juan se detuviera para despedir a cuatro de los suyos. Este viernes, la Catedral se convirtió en el escenario de un profundo homenaje, donde el dolor compartido reunió a familiares, amigos, compañeros, autoridades y vecinos que llegaron para dar el último adiós a las víctimas sanjuaninas del accidente aéreo ocurrido en Valle Fértil.
Desde mucho antes de que comenzara la ceremonia, el movimiento en las inmediaciones del templo reflejaba la magnitud de la tragedia. Personas de todas las edades se acercaban en silencio, con el rostro marcado por la tristeza, buscando acompañar a las familias en uno de los momentos más difíciles de sus vidas.
Dentro de la Catedral, el clima era de absoluto recogimiento. Los abrazos interminables, las miradas perdidas y las lágrimas que corrían en silencio hablaban más que cualquier discurso. Afuera, mientras el viento hacía flamear las banderas y obligaba a muchos a cubrirse del polvo, nadie abandonó su lugar. La necesidad de estar presentes fue más fuerte que cualquier adversidad climática.