Un hombre de 49 años que presuntamente ejercía como pastor fue denunciado y detenido, acusado de abusar sexualmente de un niño en Jardín América. El hecho habría ocurrido en la casa del menor y bajo tal manipulación que “le carcomió la cabeza”, se lamentó el padre de la víctima, quien fue el primero en tomar conocimiento de lo sucedido y denunciarlo ante la Policía.
Tal como pudo saber El Territorio de fuentes ligadas a la pesquisa, en la vivienda habían alojado de manera temporal al ahora imputado a fines del 2025, cuando llegó a la localidad pidiendo colaboración. Se trata de José V., quien trabajaba en una iglesia de esa localidad y se había hecho conocido de varios vecinos.
El hombre permanece detenido desde el 11 de junio de este año por delitos contra la integridad sexual. Episodios que, según contó la víctima a su padre (quien finalmente radicó la denuncia en la Comisaría de la Mujer de la ciudad), habrían ocurrido meses atrás.
De acuerdo a lo consignado por fuentes judiciales, el sospechoso fue indagado la semana pasada e imputado por el delito de abuso sexual con acceso carnal. Las actuaciones continúan y se prevé que se realicen exámenes médicos más completos, así como la disposición de entrevista en Cámara Gesell.
El Territorio pudo confirmar que el imputado no posee antecedentes penales. La instrucción a cargo del Juzgado penal Dos de Jardín América avanza para reconstruir las circunstancias de las aberraciones y poder elevarlo a juicio oral en los próximos meses.
El caso despertó indignación y malestar en la comunidad de Jardín América, sobre todo por la cercanía que el sospechoso había tejido con la familia.
“Actitud rara” del pastor
El padre de la víctima relató el momento en que su hijo logró contarle lo sucedido, luego de varios meses en los que advirtió cambios de conducta que no alcanzaba a comprender.
En diálogo con el portal Alem News, el denunciante recordó que José V. convivía con la familia y que durante mucho tiempo mantuvieron una relación de confianza y cercanía.
“Vivía acá con nosotros, compartíamos, comíamos juntos”, señaló al reconstruir el contexto en el que se desarrollaron los hechos que hoy son materia de investigación.
Pero, según contó, con el paso del tiempo comenzó a notar comportamientos que le llamaban la atención de su hijo. “Empecé a notar una actitud rara de él (José V.) hacia mi nene. Siempre le preguntaba qué le pasaba, qué estaba ocurriendo, pero nunca me decía nada”, reconoció.
El familiar recordó que incluso en la escuela habían advertido ciertas dificultades emocionales del menor. Sin embargo, en ese momento aún era inimaginable lo que había ocurrido.
En voz del progenitor, “yo le preguntaba una y otra vez a mi hijo qué le pasaba, pero me respondía que no pasaba nada”.
El quiebre ocurrió finalmente el jueves 11 de junio por la tarde, cuando ambos quedaron solos mientras la madre y una de las hermanas menores del niño asistieron a un turno médico. Fue entonces cuando decidió volver a conversar con su hijo, con el objetivo de poder transmitirle confianza y seguridad.
“Le dije que era su padre, que jamás le había maltratado, que podía confiar en mí y en nosotros. Le pregunté por qué tenía miedo, qué era lo que le estaba pasando”, repasó.
Fue después de insistir con paciencia y contención que el niño finalmente reveló las situaciones de abuso y nombró directamente al pastor que convivía con la familia. “Imagínese cómo me sentí en ese momento. Todavía no puedo digerirlo”, lamentó conmovido.
El denunciante no escondió su remordimiento por no haber podido advertido antes lo que estaba sucediendo. “La culpabilidad y el dolor es imposible. Es imposible que una porquería como esta, de una iglesia otra vez, le carcoma así la cabeza a alguien y entre por otro lado para hacerle daño a toda una familia”, acusó.