Una profunda conmoción sacudió a la comunidad santiagueña tras el repentino fallecimiento de Daniel Oscar Quinteros, de 58 años de edad, quien perdió la vida a raíz de una descompensación cardíaca en el interior de una vivienda del barrio 25 de Mayo de la ciudad de La Banda.
Más allá del trágico y sorpresivo final en plena cita íntima, la figura de este hombre trascendió las fronteras barriales por ser el creador e impulsor del imponente monumento a San La Muerte de trece metros de altura, erigido a la vera de la Ruta 1 en la localidad de La Bajada.
Entre la fe y los milagros
El enorme predio, bautizado por él mismo como el "Campito de la Sanación", se transformó en tiempo récord en un punto neurálgico de encuentro para la fe popular. Lejos de ocultarse, el propio Quinteros se definía con total orgullo como un "hijo de Dios y creyente del amor de Jesucristo, el Gauchito Gil y San La Muerte".
Su inquebrantable devoción por el santo de la guadaña había nacido hace casi cuatro décadas, motivada por un desesperado pedido de salud a favor de un sobrino que se encontraba gravemente enfermo. Según su propio relato, el niño era "piel y hueso", por lo que le juró al santo que si intercedía para salvarlo, algún día le construiría un altar.
Fiel a su promesa, levantó el gigantesco santuario, aclarando siempre ante los prejuicios que en sus dominios "no se derramaba sangre ni se sacrificaban animales". Gracias a esta monumental obra, el devoto recibía a diario a cientos de personas de todo el país que se acercaban para agradecer los favores concedidos, consolidando a Quinteros como un referente ineludible del sincretismo religioso.
Las sombras de la violencia rural
De manera paralela, el vertiginoso crecimiento del santuario también reavivó viejos expedientes judiciales y sacó a la luz una serie de delicadas acusaciones. Según trascendió, la Justicia provincial lo investigaba por una presunta participación en violentos conflictos de tierras en el interior santiagueño.
En las fojas de la investigación, su nombre habría quedado vinculado a oscuros episodios de amedrentamiento con armas de fuego y supuestas usurpaciones. Incluso, se supo que habría estado detenido tiempo atrás en el marco de una megacausa por un presunto copamiento armado en la estancia "Tierra Brava", donde un grupo violento irrumpió reduciendo a los trabajadores de la zona. Asimismo, circuló nueva documentación que ponía en duda la titularidad del mismísimo predio donde hoy descansa la colosal estructura de cemento.
Su contundente defensa
Lejos de esquivar la polémica judicial, Quinteros siempre se mantuvo firme y negó categóricamente los hechos. "Son todas mentiras, el campo es mío y yo soy un trabajador", había asegurado en una entrevista para limpiar su nombre.
El hombre sostenía que llevaba más de veinte años ganándose la vida honradamente cuidando campos de terceros y que el codiciado terreno del santuario estaba legalmente inscripto a su nombre. En medio de la puja judicial irresuelta y la inmensa gratitud de miles de fieles, la historia de Daniel Quinteros quedará marcada a fuego como uno de los grandes mitos populares de la provincia.