8 de noviembre de 2026 - 08:07

Superó un cáncer y encontró en la solidaridad un camino de vida: quién era Anabel Albornoz, la mujer que murió en la ruta a Valle Fértil

Anabel Sonia Albornoz tenía 52 años y era profesora de Música. Impulsó durante años actividades solidarias junto a sus alumnos para ayudar a comunidades alejadas de San Juan. También había atravesado una dura enfermedad y había creado un emprendimiento de chocolates artesanales. Murió este sábado en un siniestro vial sobre la Ruta 510, en Marayes.

La solidaridad fue mucho más que una actividad para Anabel Sonia Albornoz: fue una manera de entender la vida. La mujer de 52 años, que murió este sábado en un siniestro vial sobre la Ruta Provincial 510, en el departamento Valle Fértil, había dedicado buena parte de su historia a enseñar, acompañar y ayudar a quienes más lo necesitaban.

Profesora de Música, Anabel había trabajado durante años en los colegios Santa Rosa y Don Bosco. Desde las aulas encontró una forma de transmitirles a sus alumnos algo que iba más allá de las canciones: el compromiso con el otro. Así nació una iniciativa que, con el tiempo, llevó a los chicos y sus familias a recorrer algunas de las comunidades más alejadas de San Juan.

Todo comenzó cuando decidió unir los coros de ambos establecimientos educativos. Aunque el grupo crecía y conseguía buenos resultados, sentía que algo faltaba. No quería que el talento de los chicos quedara solamente en los escenarios y los actos escolares. Quería que también sirviera para cambiar realidades.

En 2006 comenzaron a organizar actividades solidarias y viajaron a localidades como Laguna Seca y Las Chacras. Allí conocieron de cerca las dificultades de los pobladores, especialmente la falta de servicios básicos y de medios de transporte para atender emergencias sanitarias.

Una de las situaciones que más la impactó fue la de Las Chacras. Cuando una persona necesitaba atención médica, muchas veces debían trasladarla en una carreta. Esa imagen se convirtió en un objetivo: conseguir una camioneta para que los vecinos no tuvieran que atravesar nuevamente esa situación.

Organizaron un gran concierto y destinaron lo recaudado a esa causa. Con la colaboración de Salud Pública, consiguieron avanzar con el objetivo. Pero el vínculo con la comunidad no terminó allí.

En otro de sus recorridos conocieron la historia de un hombre que, durante un acto, había escrito su nombre y agregado una palabra: «Mamá». Intrigada, Anabel comenzó a investigar y viajó hasta Casas Viejas. Allí descubrió que un antiguo cartero había enseñado a los pobladores a leer y escribir durante sus recorridos. Cuando se jubiló, aquel hombre apenas conservaba una palabra que había aprendido: mamá.

El viaje les llevó un día y el lugar ni siquiera figuraba en los registros. Al advertir las condiciones en las que vivían sus habitantes, dieron aviso a las autoridades para que pudieran recibir asistencia.

«Los seres humanos estamos en el mundo para servir», era una de las convicciones que Anabel buscaba transmitirles a sus alumnos. También sostenía que no hacían falta grandes recursos para ayudar, sino voluntad y compromiso. Muchas de esas actividades, contaba, salían del bolsillo de quienes integraban el grupo

Una enfermedad que la llevó a reinventarse

Su historia también estuvo marcada por una batalla personal. Anabel fue diagnosticada con una enfermedad autoinmune y debió dejar de ejercer la docencia. En ese contexto, buscó una alternativa para seguir adelante y generar ingresos para su familia.

Así nació Bichito de Luz, un emprendimiento de chocolates artesanales que comenzó a desarrollar con el acompañamiento de su marido y sus dos hijos.

En 2020, cuando tenía 45 años, contó que llevaba seis años con el proyecto. Elaboraba bombones y diseñaba sus propios envoltorios para ofrecer productos personalizados a restaurantes, colegios y eventos.

Incluso había preparado una línea especial para la Fiesta Nacional del Sol, inspirada en la temática de aquella edición: «Evolución, lo que nos pasó nos hace más fuertes». Sus creaciones incluían referencias al eclipse, un dinosaurio, la grieta y Tere, la niña protagonista de la celebración.

Con creatividad y perseverancia, había encontrado una nueva manera de trabajar después de atravesar una enfermedad que cambió su vida.

El siniestro que terminó con su vida en Marayes

Este sábado 7 de noviembre, alrededor de las 6.50, Anabel circulaba en una motocicleta Voge de 300 centímetros cúbicos por la Ruta Provincial 510, en dirección de sur a norte.

A unos ocho kilómetros al sur de la localidad de Marayes, en una curva, habría perdido el control del rodado. La motocicleta se desvió hacia la banquina este e impactó contra el guardarraíl. Como consecuencia del choque, la mujer falleció en el lugar.

En las primeras pericias, Criminalística no encontró indicios que permitieran presumir la intervención de otro vehículo o de un tercero. Su cuerpo fue trasladado a la Morgue Judicial para la autopsia correspondiente.

En la investigación intervienen los fiscales Iván Grassi y Roberto Ginsberg, junto a la ayudante fiscal Agostina Pérez, de la UFI Delitos Especiales.

Anabel había encontrado en la música una herramienta para enseñar y en la solidaridad una forma de dejar huella. También había demostrado que, incluso después de atravesar momentos difíciles, era posible reinventarse y seguir adelante. Su historia quedó ligada a las comunidades que ayudó y a los chicos a los que intentó transmitirles una enseñanza que resumía su manera de vivir: cuando se quiere, se puede ayudar.

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