Habrá seguramente profundos diagnósticos y explicaciones acerca del aumento incesante de los combustibles y la falta de stock en las estaciones de servicio. Pero al automovilista sólo le importarán dos cuestiones hasta ahora indescifrables: cuánto más subirán los precios y hasta cuándo se extenderá la escasez. Ni desde el Estado ni desde el sector privado arriesgan una respuesta más o menos consistente.

Algo similar podría ocurrir con el precio de la harina y, por lo tanto, todos los derivados de la panificación. O la carne vacuna. El lector sabrá sumar artículos de su propia canasta.

Con fastidio, el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, dijo la semana pasada en el canal público que los consultores privados jamás podrían calcular un índice de precios al consumidor digno de fiar, dadas las dificultades metodológicas y financieras que presenta realizar un seguimiento de tales características. Cierto.

Por eso la Secretaría de Comercio Interior salió a castigar con multas dinerarias a aquellas consultoras que se atrevieran a difundir sus propios valores inflacionarios, tan distantes de los números elaborados por el INDEC.

No cabe dudas de que Argentina se vio sumida en un festival de pronósticos, algunos de dudosa credibilidad, que podían ir desde el 27 al 31 por ciento de inflación acumulada en 2010 según el autor de la estadística. Todas estimaciones muy alejadas del INDEC, que estimó apenas un 11 por ciento. Nada de esto hubiera ocurrido si el propio instituto no hubiera caído bajo sospecha por acción propia.

El descrédito llegó a punto tal que la propia Casa Rosada le dio el visto bueno a negociaciones salariales que siempre superaron el 20 por ciento, en un reconocimiento tácito de que el costo de vida subía más de lo que reflejaban las cifras oficiales. Y el líder de la CGT, el kirchnerista Hugo Moyano, desafió en el arranque de las tratativas: “vamos a seguir el índice góndola”.

Aún así, bajo sospecha, la disponibilidad de información a nivel nacional es superior a la que ofrece la provincia. Desde diciembre de 2007 San Juan no tiene índice de precios minoristas o precios al consumidor. El Gobierno les dio a los estatales mejoras que rondaron el 25 por ciento este año. ¿Será el reconocimiento tácito de la inflación bicentenaria?

En cualquier caso, como con las naftas, al usuario poco le importarán las explicaciones y justificaciones de la economía. Sólo querrá saber cuánto más. Y, otra vez, no habrá respuestas.