El flamante camarista civil de San Juan, Esteban De la Torre, habló tras su designación en la Sala IV de la Cámara Civil y dejó definiciones que buscan despegar su ascenso de cualquier lectura política. El magistrado —aún sin fecha confirmada de asunción— sostuvo que su nombramiento debería interpretarse en clave técnica y no partidaria, en un contexto donde la votación legislativa dejó expuestas tensiones entre oficialismo y oposición.
“Yo de política conozco poco y me he movido bastante poco en ese ámbito”, afirmó de entrada, al ser consultado por la votación que lo consagró con el respaldo del oficialismo, el bloquismo y un sector del peronismo, pero con resistencias de otros bloques. En ese sentido, explicó el mecanismo institucional: “El Consejo de la Magistratura es el ámbito técnico y la Legislatura el ámbito político. Está diseñado así”, dijo en Informadísimos en Radio Colón.
Sin embargo, dejó en claro cuál es su expectativa sobre cómo debería leerse su designación: “Quisiera pensar que pasa por una cuestión eminentemente técnica… los currículos estaban puestos sobre la mesa y entiendo que eso habrá pesado también”. Y reforzó: “Yo no he pasado nunca por un partido político… soy un técnico y mi perfil técnico es lo que debiera amerituarse”.
De la Torre llega a la Cámara tras una década como juez de Familia de primera instancia, con 28 años de trayectoria profesional. Su desembarco no es casual: la Sala IV tiene una impronta particular en materia de familia, un fuero que, según explicó, concentra gran parte del volumen de trabajo.
“El 85% del volumen de esa sala era familia, la sala terminó desbordándose”, detalló, al reconstruir la evolución histórica del esquema de cámaras. En ese contexto, consideró lógico que se busque incorporar especialistas: “Ninguno de los camaristas tenía competencia específica en el fuero, con lo cual debía llevarse algún especialista”.
Durante la entrevista, el magistrado dejó ver el costado más humano —y complejo— de su tarea. Con una marcada impronta social, explicó que el derecho de familia obliga a resolver mucho más que cuestiones jurídicas. “Cuando uno resuelve, en el fondo hay gente. Se toman decisiones extremadamente complejas y hay que tomarlas”, sostuvo.
Entre los casos que lo marcaron, recordó uno de alto impacto: la autorización de un procedimiento médico a un menor hijo de Testigos de Jehová en el 2020. “Si yo priorizaba exclusivamente la ideología religiosa, zanjaba la vida del niño”, explicó, al justificar su fallo, que tuvo alto impacto mediático. Y agregó: “Se preguntó si había otro procedimiento que no violentara las creencias, pero como no lo había, se ordenó la intervención”.
También mencionó expedientes vinculados a gestación por sustitución —una zona gris de la legislación argentina— y cambios de género, donde la falta de normativa clara deja amplio margen a la interpretación judicial: “Cuando uno no legisla, queda el campo abierto a opiniones de los jueces”.
Un fuero saturado: 36.000 causas y sólo cuatro jueces
De la Torre no esquivó la crítica sobre la lentitud judicial, pero la contextualizó con números que grafican la crisis estructural. “El fuero de Familia tiene 36.000 causas en trámite y somos sólo cuatro jueces”, reveló. Y agregó: “Eso no lo sabe nadie”.
Si bien reconoció que “los tiempos de la justicia no son los tiempos de la gente”, defendió los avances logrados en la provincia. En comparación con otras jurisdicciones, sostuvo que San Juan ha mejorado significativamente gracias a la implementación de oficinas judiciales y un nuevo código procesal: “En otras provincias, un juicio de alimentos demora entre tres y cuatro años; acá, en dos o tres meses puede tener sentencia”.
Aun así, fue claro: “Cuatro jueces no son suficientes”. Y puso ejemplos: “Mendoza tiene 26 jueces de familia y San Luis, con la mitad de población, tiene 12”. En ese marco, adelantó que existe la intención de ampliar el número, aunque depende de decisiones políticas y presupuestarias.
Expectativas y autocrítica
Sobre su nuevo rol, De la Torre se mostró cauteloso, incluso introspectivo. “Espero dar la talla… el tiempo dirá, mis colegas dirán”, confesó. Y remarcó que su principal desafío será trasladar a la Cámara su experiencia acumulada y su “compromiso social”.
En un tramo más personal, reveló que incluso dudó en presentarse al concurso que lo llevó a ser juez de Familia años atrás: “El día anterior pensé en no presentarme porque no sabía si iba a dar la talla”.
Hoy, ya designado como camarista, mantiene esa autoexigencia: “Es primero conmigo que debo cumplir y después veremos qué dice la gente”.