Las canastitas de choclo, con su base de tapa de empanada y el relleno suave que mezcla choclo dulce con quesos fundentes, son como un puente entre la tradición panadera argentina y el ingenio de la cocina cotidiana. Una receta imperdible, para hacer en pocos pasos y sobre todo, saludable.
Basta con verlas en una bandeja para que desaparezcan en segundos, ya sea en una picada, en la previa de un asado, o como solución improvisada cuando llega gente sin avisar.
En el paisaje gastronómico argentino, las canastitas de choclo ocupan un lugar especial por su simpleza y versatilidad. Se las encuentra en panaderías de barrio y en mesas familiares de todo el país, donde cumplen el doble rol de ser un clásico vegetariano y una opción económica. Muchos las recuerdan como parte de cumpleaños infantiles, picnics de primavera o reuniones de domingo, siempre ofreciendo esa textura cremosa y el toque apenas dulce que aporta el choclo nacional. A diferencia de otras tartas o empanadas, la canastita tiene la gracia de ser individual, fácil de comer con la mano, y lista en menos de lo que tarda el mate en enfriarse.
Las canastitas de choclo son bocados individuales preparados con tapas de empanada para horno, rellenas con una mezcla cremosa de choclo, cebolla rehogada y una buena cantidad de queso. Se arman en moldes (pueden ser de muffins, flaneras o simplemente pirotines resistentes), se rellenan, y se cocinan al horno fuerte hasta dorar. La clave está en lograr un relleno húmedo, pero no líquido, y una base crocante que aguante el relleno sin humedecerse. Admite variantes, pero el choclo y el queso no pueden faltar.}