La primavera tiene una de sus postales más impactantes en los lapachos en flor. De pronto, las calles, parques y plazas se tiñen de rosa y el árbol, que durante buena parte del año puede pasar inadvertido entre el follaje urbano, se convierte en protagonista absoluto.
El lapacho rosado es uno de los más conocidos y cultivados en la Argentina. Su nombre científico más aceptado actualmente es Handroanthus impetiginosus, aunque durante mucho tiempo fue identificado como Tabebuia avellanedae o Tabebuia impetiginosa. Pertenece a la familia Bignoniaceae y es originario de regiones tropicales y subtropicales de Sudamérica.
Un árbol que florece antes de vestirse de hojas
Una de las características más llamativas del lapacho es su floración. A finales del invierno y comienzos de la primavera, las ramas pueden cubrirse de grandes grupos de flores mientras el árbol todavía permanece prácticamente sin hojas.
Las flores tienen forma de campana y presentan tonalidades que van desde el rosa intenso hasta el rosado violáceo. También existen ejemplares de flores blancas y distintas especies con flores amarillas.
Después de la floración aparecen las hojas, compuestas y palmadas, generalmente formadas por cinco folíolos. Más tarde se desarrollan los frutos, cápsulas alargadas que contienen numerosas semillas aladas.
Esta particular secuencia —primero las flores y después las hojas— es la responsable de buena parte del impacto visual que producen los lapachos durante la temporada de floración.
De dónde viene el lapacho
Los lapachos son árboles propios de las regiones cálidas de América del Sur. En la Argentina, distintas especies forman parte de la flora nativa del norte y se encuentran especialmente asociadas a ambientes de selva y bosques subtropicales.
Entre los ejemplares más conocidos se encuentra el lapacho rosado, relacionado con las selvas de las provincias del noroeste argentino. También existe el denominado lapacho negro, tradicionalmente identificado como Tabebuia ipe, presente en provincias como Misiones, Corrientes, Chaco y Formosa.
La clasificación botánica de los lapachos sufrió modificaciones a lo largo del tiempo y muchos nombres que todavía aparecen en libros, viveros y publicaciones corresponden a denominaciones anteriores. Actualmente, buena parte de estas especies se ubica dentro del género Handroanthus, separado del antiguo género Tabebuia.
Las variedades de lapacho más conocidas
Aunque en el uso cotidiano se habla de “el lapacho” como si se tratara de una única especie, existen diferentes especies y variedades.
Lapacho rosado (Handroanthus impetiginosus)
Es uno de los más reconocibles por sus flores rosadas o rosado-violáceas. Puede alcanzar un porte considerable y pierde las hojas antes de la floración, lo que permite que las flores se destaquen sobre las ramas desnudas.
Lapacho negro (Handroanthus heptaphyllus)
Es otra especie muy difundida en el norte argentino y en ambientes subtropicales. Sus flores pueden presentar tonalidades rosadas y la floración también constituye uno de sus principales atractivos ornamentales.
Lapachos de flores amarillas
Existen distintas especies de Handroanthus con flores amarillas, entre ellas las que históricamente fueron clasificadas como Tabebuia serratifolia y Tabebuia chrysotricha. Algunas presentan un porte menor y características diferentes en sus hojas y brotes.
Por eso, cuando se compra un lapacho para el jardín, conviene consultar el nombre científico de la especie y no quedarse solamente con el nombre común.
Un árbol para disfrutar y también para conservar
El valor del lapacho no se limita a su belleza. Como especie nativa, forma parte del patrimonio vegetal de distintas regiones sudamericanas y puede contribuir a recuperar biodiversidad cuando se incorpora de manera adecuada al arbolado.
Además, su presencia en calles, parques y jardines permite mantener una conexión con la flora propia de cada región. Elegir árboles nativos para nuevos espacios verdes es una manera de sumar sombra, paisaje y biodiversidad con especies adaptadas a las condiciones ambientales locales.
En el caso de ejemplares destinados al arbolado urbano, es importante considerar el tamaño que alcanzará el árbol adulto y disponer de espacio suficiente tanto para su copa como para sus raíces.
Cómo cultivar un lapacho
El lapacho puede reproducirse a partir de semillas. Sus frutos son cápsulas alargadas que, al madurar y volverse quebradizas, liberan semillas provistas de alas que facilitan su dispersión.
La siembra suele realizarse con semillas frescas, ya que germinan con relativa facilidad. Una vez que las pequeñas plantas adquieren el tamaño adecuado, pueden trasplantarse con cuidado.
Durante los primeros años es importante acompañar el crecimiento con riegos adecuados y proteger los ejemplares jóvenes de condiciones extremas. A medida que se desarrolla, el árbol adquiere un porte mucho mayor y requiere un espacio acorde.
En jardines pequeños, antes de plantar un lapacho conviene conocer la especie elegida y su tamaño adulto. No hay que olvidar que algunos ejemplares pueden transformarse en árboles de gran porte.
Un espectáculo que anuncia la primavera
Pocas escenas anuncian la llegada de la primavera con tanta claridad como una avenida flanqueada por lapachos en flor. El contraste entre las ramas desnudas y las grandes masas de flores convierte al árbol en una verdadera señal del cambio de estación.
Por eso, además de ser uno de los árboles ornamentales más impactante, el lapacho representa una oportunidad para mirar de otra manera el paisaje cotidiano y valorar las especies que forman parte de nuestro patrimonio natural.
Cuando la floración termina y aparecen las hojas, el espectáculo cambia, pero el árbol continúa allí: creciendo, dando sombra y esperando una nueva primavera para volver a teñir de color