Ginestar señaló que la situación involucra distintas responsabilidades y puso el foco en el papel de los municipios para ordenar el territorio y proteger las zonas pobladas.
“Esos son lugares que en definitiva tienen mucho que ver ahí el municipio”, explicó. Luego advirtió que algunas de esas ubicaciones “no son locaciones habilitadas para la vivienda o para el desarrollo comercial o muchas veces agrícola”.
El funcionario diferenció esa situación de las tareas que realiza Hidráulica. Según detalló, el organismo interviene en cuestiones vinculadas con el ámbito agrícola y los cauces, mientras que la protección de las zonas pobladas requiere la participación de los gobiernos municipales.
“Nosotros intervenimos en la parte agrícola y después todo lo que es poblacional depende de los municipios”, sostuvo.
La advertencia cobra relevancia ante la posibilidad de que las lluvias aumenten los caudales y el agua vuelva a ocupar sectores próximos a las márgenes. En esos lugares, la ubicación de las viviendas y las defensas disponibles pueden incidir en la magnitud de los daños.
Ginestar también mencionó las propiedades agrícolas y las viviendas ubicadas aguas arriba, en zonas como las cercanas a Calingasta e Iglesia, donde algunas construcciones se encuentran junto a los ríos.
“Si le han ganado terreno al río, bueno, eso se vea afectado”, afirmó al describir el riesgo para las propiedades asentadas sobre las márgenes.
El funcionario insistió en que los municipios tienen un papel central en la protección de esos sectores. “En eso el municipio tiene gran acción para poder mitigar los daños que sucedan”, señaló.
La entrevista no identificó barrios específicos ni precisó cuántas urbanizaciones podrían estar comprometidas. Sin embargo, dejó planteado el problema de fondo: las tareas de limpieza y encauzamiento deben convivir con una ocupación territorial que, en determinados lugares, avanzó sobre espacios por los que históricamente circulaba el agua.
Ripieras notificadas y décadas de cambios en los ríos
Otro de los puntos abordados fue la actividad de las ripieras y el efecto que los movimientos de suelo tuvieron sobre los cauces. Ginestar confirmó que las empresas fueron notificadas con anticipación como parte de las medidas preventivas que se coordinan ante el escenario climático.
“Las ripieras han sido notificadas de hace tiempo”, indicó. Explicó que las autoridades comenzaron a evaluar la situación antes de que se intensificara la preocupación por las posibles crecidas.
Sin embargo, el funcionario reconoció que recuperar la configuración original de algunos ríos representa una tarea muy difícil por las modificaciones acumuladas durante décadas.
“Hay 30, 40 años de movimiento de suelo que ni con todas las máquinas de San Juan podríamos acomodar el río a su cauce original”, afirmó.
La declaración expone una de las limitaciones del operativo: las máquinas pueden limpiar sectores, retirar sedimentos y mejorar las condiciones de escurrimiento, pero no necesariamente permiten devolverles a los ríos su trazado histórico.
Ginestar adelantó que próximamente habrá maquinaria trabajando en el río San Juan para limpiar los cauces y retirar sedimentos acumulados debajo de los puentes. Estas intervenciones se suman a las tareas de encauzamiento que ya se realizan en distintos puntos de la provincia.
Máquinas en los cauces y limpieza de drenajes
La primera etapa del plan preventivo está concentrada en la remediación de los ríos que conforman las dos cuencas principales de San Juan: las de los ríos San Juan y Jáchal.
“Son máquinas que continúan trabajando en toda la provincia”, explicó Ginestar al describir las tareas de los equipos pesados, entre ellos topadoras, destinados al encauzamiento de los cursos de agua.
En paralelo, se desarrolla un trabajo más específico sobre los drenajes, con participación de los municipios. El reparto de tareas depende de cada lugar, ya que algunos desagües corresponden a Hidráulica, mientras que otros reciben aguas de lluvias urbanas.
“Estamos coordinando muy fuertemente con los municipios”, afirmó el funcionario. Agregó que en algunos sectores trabajan máquinas provinciales, en otros las de los municipios y, en determinados casos, equipos de ambas jurisdicciones.
También intervienen Vialidad Provincial y Vialidad Nacional en las defensas y los cauces que pasan debajo de los puentes. El objetivo es evitar que las obstrucciones dificulten la circulación del agua durante una eventual crecida.
Ginestar reconoció que las tareas no permitirán eliminar todos los riesgos, aunque consideró que pueden reducir los daños si se repiten caudales similares a los del año anterior.
“Desgraciadamente no vamos a poder evitar al 100% los problemas, pero al mismo nivel de caudales que el año pasado, seguramente los daños serán menores”, sostuvo.
El operativo apunta así a mejorar la capacidad de respuesta ante las precipitaciones, con intervenciones que abarcan desde los cauces principales hasta los drenajes urbanos y los sectores de infraestructura vial que podrían verse afectados.
La nieve acumulada complica las mediciones
Mientras avanzan los trabajos en los ríos, Hidráulica todavía no logra completar las mediciones de nieve en la cordillera. Las condiciones meteorológicas dificultan el acceso a las estaciones y dejan períodos demasiado breves para realizar los relevamientos.
“Desgraciadamente el clima nos acompaña, nos da ventanas muy cortitas para poder acceder”, dijo Ginestar durante la entrevista. Aunque reconoció que las condiciones mejoraron, advirtió que el tiempo continúa inestable.
Las referencias obtenidas hasta el momento permiten estimar que la profundidad promedio supera ampliamente los dos metros. En algunos sectores hay entre cuatro y cinco metros de nieve consolidada, mientras que en otros la exposición al sol y las características de las laderas generan acumulaciones mucho menores.
“Hay lugares que tenés cuatro o cinco metros de nieve consolidada, lugares que tenés tres metros de nieve consolidada y, obviamente, lugares donde les da el sol y en la ladera que no tienen nieve”, detalló.
El funcionario graficó la dificultad que representa esa acumulación al comparar las condiciones actuales con las de años anteriores: “Hay que ir a palear tres metros de nieve y no 30 centímetros como era antes”.
Para acceder a determinados sectores, Hidráulica mantiene una coordinación permanente con baqueanos y empresas mineras. Estas últimas también enfrentaron complicaciones por los caminos estrechos, las paredes de nieve y los accidentes que dificultaron la circulación de camiones.
La apertura de los accesos permitirá retomar las inspecciones de rutina y evaluar la evolución de las lagunas y los hielos. Por ahora, las cifras de acumulación son estimaciones y no el resultado de un relevamiento integral.
Diques bajos para recibir las crecidas
La gestión de los embalses constituye otro de los ejes de la preparación ante un eventual aumento del agua. Ginestar explicó que las decisiones se analizan de manera conjunta en el Consejo de Seguridad de Presas, con participación de Hidráulica, EPSE, Recursos Energéticos y OSSE.
“Las reuniones son de forma continua”, indicó al describir el seguimiento que realizan los organismos. Según explicó, el manejo de los diques requiere coordinación porque las decisiones sobre el agua repercuten en los distintos usos del recurso.
Por el momento, la estrategia consiste en mantener los embalses lo más bajos posible, con el objetivo de disponer de capacidad para recibir los aportes que puedan llegar desde la cordillera.
“Lo que se evalúa en definitiva es por el momento mantener los embalses lo más bajo posible esperando las crecidas del río”, sostuvo.
La planificación contempla una segunda etapa, cuando las condiciones permitan avanzar con el almacenamiento del agua. La intención es administrar los niveles de los diques de manera que el recurso pueda aprovecharse durante el siguiente ciclo hídrico.
“Tratar de poner la última gota de los embalses más cerca de marzo, abril, para esperar un nuevo calendario hídrico con los embalses llenos”, explicó Ginestar.