Miguel Pérez y el arte de crear: 20 años construyendo su colección que destaca por el detalle y la precisión

Desde siempre le gustó el plastimodelismo, pero hace 20 años comenzó a construir sus primeras piezas. Lo que más valora, cuánto tiempo le dedica al hobbie y la tranquilidad que encuentra en cada creación.

El mundo del coleccionismo guarda una infinidad de historias, de valores y de tesoros. Miguel Pérez destaca de algunos coleccionistas de San Juan porque cada una de sus piezas tuvo su propia intervención para existir, ya que desde hace 20 años se dedica al plastimodelismo.

Para quienes no conocen, el plastimodelismo es considerado el “arte de construir”. Consiste en armar, detallar y pintar replicas a escala de vehículos, figuras o estructuras. En el caso de Miguel, su fascinación se concentró en lo aéreo y lo naval, dándole vida a barcos, aviones, helicópteros, portaaviones, acorazados, cruceros, entre otros.

“Esto me gusta de siempre, de niño chico siempre me gustó. Por cuestiones económicas mis padres no me dieron el gusto de poder hacerlo y de grande pude comenzar a armar. Llevo unos 20 años con esto”, destaca el sanjuanino

Sus días se combinan entre su trabajo como mecánico y las horas que le dedica a cada armado. Asegura que según el tamaño y la cantidad de piezas puede llegar a demorarse de mes y medio a dos meses en el caso de las aeronaves; y más de tres meses si se trata de una embarcación de mayor tamaño, dedicándole al menos una hora por día al hobbie que termina siendo un “clave a tierra”.

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Al respecto señala que cuando tiene jornadas difíciles, lo único que lo calma es ponerse con una maqueta y darle vida a una nueva pieza que se termina incorporando a su colección que ya suma unos 300 objetos. “Ahí descargo todas mis tensiones. Me sumerjo y me desconecto del mundo. Para mi es algo especial”, comentó.

Una réplica exacta del Titanic, el tesoro más preciado de la colección de Miguel Pérez

De todas las creaciones que pasaron por las manos de Miguel, destaca que una réplica a escala del Titanic es la pieza que más valora, no solo por el trabajo que le demandó la construcción, sino por su valor emocional y sentimental.

“Tres veces vi la película para poder sacarle todos los detalles”, asegura entre risas el sanjuanino. Las embarcaciones trasatlánticas de aquella época destacaban por un gran tendido de cables, que respetó a la perfección en su creación. Además, pintó cada parte a mano, llevando a que el armado total demorara cuatro meses.

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El valor de la pieza no es solo por las largas horas de labor artesanal que le representó, sino por un agregado emocional. “Cuando lo estaba armando estaba mi madre viva. Ella vio el proceso y lo vio terminado. En tiempo, en complejidad y en calidad, el Titanic es mi pieza favorita”, indica con orgullo.

El Museo de Miguel Pérez, donde no cabe una pieza más

Debido a las dimensiones de cada una de sus creaciones, no todas encuentran espacio en vitrinas. Así, algunas descansan sobre la mesa del comedor, otras empotradas en la pared, y el resto en los espacios que van encontrando lugar. “Abrís la puerta de mi casa y entras al mundo del hobbie”, comenta entre risas.

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Si bien cuenta con una gran cantidad de tesoros en su haber, el sanjuanino asegura que el universo aéreo y naval son tan grandes que siempre se tiene la sensación que falta algo para más para sumar. “El gran problema que tengo es que me he quedado sin espacio”, señala.

Y finaliza: “De todos modos, siempre aparece algo nuevo para seguir armando. No le cierro la puerta al coleccionismo”.

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