12 de diciembre de 2012 - 00:00

Un testigo señaló a Olivera como el jefe

Antonio del Carmen Tapia, un ex integrante de la Banda de Música del RIM 22 que ahora tiene 82 años, dijo que el militar retirado Jorge Olivera era el que daba las órdenes en el centro de detención que funcionó en La Marquesita en los meses posteriores al golpe militar de 1976.

El lugar era el más temido porque entre los detenidos corría la versión que señalaba que el que iba a parar al lugar tenía muy pocas chances de salir con vida.

Tapia, y una mujer que pidió que se mantuviera su nombre en reserva, fueron los dos testigos que participaron ayer en un inspección judicial que encabezó el juez Alejandro Piña en el marco del megajuicio por delitos de lesa humanidad cometidos en la provincia.

Olivera, uno de los 7 acusados en la causa, siempre ha sostenido que no tuvo nada que ver con las detenciones y torturas ocurridas en San Juan, pero ayer el testigo no sólo lo ubicó en el lugar sino que lo señaló como “el que daba las órdenes”.

Aunque Tapia dijo que la vez que le tocó hacer guardia en La Marquesita no vio a ningún detenido, no ocurrió lo mismo con la mujer. Ella dijo que la tenían encerrada en una carpa, que había más gente y que durante los noches eran las sesiones de tortura “con picana y el submarino”. Este último consistía en sumergir a la víctima en un tacho con agua hasta que casi perdía el conocimiento por la falta de aire.

Además del ruido del agua de un canal cercano y del sonido del viento entre los pinos, la mujer dijo que el mayor temor era cuando “ladraban los perros”, porque significaba que llegaban los torturadores.

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