14 de septiembre de 2026 - 06:53

Cáñamo industrial: la vía que explora San Juan para diversificar su producción agrícola

El INTA San Juan integra la Red de Cáñamo Industrial y evalúa 28 variedades en busca de una genética adaptada al clima de la provincia.

El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) San Juan avanza en los ensayos que buscan determinar qué variedades de cáñamo industrial pueden adaptarse a las condiciones agroclimáticas de la provincia, un trabajo que se desarrolla dentro de la Red de Cáñamo Industrial, integrada por técnicos de nueve provincias del país. El equipo sanjuanino está conformado por la Dra. Mariana Balmaceda, Eduardo Soria, el Lic. Martín Carrizo, la Dra. Mónica Ruiz y la Lic. Sandra Páez, responsable técnica en San Juan de la Red de Cultivares de Cáñamo Industrial y a cargo, además, del Laboratorio de Fisiología Vegetal de la institución.

Una ley que abrió la puerta a la investigación

El punto de partida fue la sanción de la Ley 27.669, que estableció el marco regulatorio para el desarrollo de la industria del cannabis medicinal y el cáñamo industrial. La norma distingue al cáñamo del cannabis medicinal y recreativo por su contenido de THC —el cannabinoide psicoactivo—, que debe ser inferior al 1% para habilitar su cultivo. A partir de esa distinción legal, el cultivo quedó autorizado tanto para investigación como para producción y comercialización, lo que despertó el interés de productores que empezaron a acercarse al INTA en busca de asesoramiento técnico. Fue en ese contexto que se conformó la Red de Cáñamo Industrial, integrada por técnicos de todo el país que, según explica Paez, en su mayoría provenían de otros cultivos industriales y debieron capacitarse específicamente en cáñamo a partir de la formación de la red.

Por qué se compara al cáñamo con el algodón y no con la vid o el olivo

La comparación que eligen desde el INTA no es con los cultivos tradicionales de la provincia sino con el algodón, que hoy es la principal fuente de fibras textiles. Frente a un cultivo susceptible a numerosas plagas y de alto consumo de agua, el cáñamo se presenta como una alternativa que no registró hasta el momento problemas relevantes en los ensayos de la red, lo que evita el uso de fitosanitarios, y que requiere aproximadamente diez veces menos agua para obtener la misma cantidad de fibra.

Medición de altura en uno de los ensayos de variedades de cáñamo del INTA San Juan, con riego por goteo, el sistema utilizado en las pruebas de la Red de Cáñamo Industrial.

Medición de altura en uno de los ensayos de variedades de cáñamo del INTA San Juan, con riego por goteo, el sistema utilizado en las pruebas de la Red de Cáñamo Industrial.

En términos de requerimiento hídrico, la comparación más ajustada es con el trigo antes que con la vid, de consumo mucho mayor. El ciclo del cáñamo, de una duración similar a la del cultivo de tomate —unos 120 días—, demanda entre 200 y 400 milímetros de agua durante todo su desarrollo. En ese lapso, señala Páez, se registraron plantas de hasta cuatro metros de altura en algunas de las variedades ensayadas. El único nutriente relevante que requiere el cultivo es nitrógeno, entre 150 y 190 kilogramos por hectárea.

El clima que obliga a elegir: semilla antes que fibra

Pese a las ventajas hídricas, la obtención de fibra textil enfrenta en San Juan una limitación estructural: el proceso conocido como enriado, necesario para separar las fibras largas utilizadas en la industria textil. Ese proceso consiste en cosechar la planta en floración y dejar los tallos tendidos en el suelo para que la humedad ambiente y la acción de microorganismos degraden la primera capa del tallo y dejen expuesta la fibra. La falta de humedad ambiente propia del clima sanjuanino dificulta ese proceso, por lo que el foco de trabajo de la red en la provincia está puesto en la producción de semilla, con destino tanto a productores —para siembra— como a consumo humano, ya sea en forma de granola, aceite o harina.

Veintiocho variedades bajo la lupa en el campo de Pocito

Los ensayos se desarrollan en el campo de la Estación Experimental Agropecuaria (EEA) INTA en Pocito. Allí se evaluaron en total 28 variedades, provenientes de semillas enviadas por dos empresas privadas a toda la red y de un lote adquirido por el propio INTA con presupuesto de un proyecto FONDAGRO. El diseño fue aleatorizado y sin restricción hídrica, orientado a relevar el comportamiento agronómico de cada variedad en las condiciones locales. Entre los materiales evaluados en San Juan hubo variedades europeas, asiáticas —de origen chino—, polacas y francesas, en un ensayo que se replicó con las mismas semillas en distintas regiones del país para comparar su adaptación a cada clima.

Según describe Páez, las variedades chinas resultan promisorias para la producción de grano, pero hasta el momento presentaron problemas de establecimiento en los ensayos realizados. Por ese motivo, el trabajo actual de la red se orienta a evaluar variedades europeas, que son las que históricamente estuvieron adaptadas a la Argentina: el cultivo de cáñamo tuvo desarrollo en el país hasta que su prohibición, en la década de 1970, derivó en la pérdida de esas variedades locales.

De las variedades importadas a una genética propia

La Red de Cultivares de Cáñamo funciona con un esquema de trabajo compartido entre estaciones experimentales: cada una aporta técnicos y replica el mismo protocolo de ensayo, con idénticas características y dimensiones, para poder comparar resultados entre regiones. Con financiamiento del proyecto PDTS (Proyecto de Desarrollo Tecnológico y Social), la red iniciará en octubre una nueva ronda de evaluación de variedades.

La inscripción de las primeras variedades de cáñamo en el Registro Nacional de Cultivares fue definida por Páez como un reconocimiento al trabajo conjunto de la red y un impulso para continuar con las evaluaciones. Entre las variedades ya registradas se encuentran las polacas Henola y Bialobrzeskie, desarrolladas por empresas del sector, aunque su inscripción corresponde a un mejor desempeño en la región sur del país, ubicada en torno a los 40 grados de latitud. San Juan, en cambio, se encuentra en los 31 grados, lo que explica que esas variedades no sean necesariamente las de mejor comportamiento local. El objetivo de la red, una vez identificado el material mejor adaptado a la provincia, es iniciar un programa de mejoramiento genético propio.

Lo que falta: costos, riego y registro de cultivares

Un productor sanjuanino ya está en condiciones de sembrar cáñamo con fines comerciales, aunque restan pasos por resolver. Páez señala que todavía no se realizó un análisis de costos de producción, dado que los ensayos se llevaron adelante con sistemas de riego por goteo, de mayor costo relativo. Una vez identificada la variedad de mejor adaptación a la provincia, desde la red evalúan avanzar hacia sistemas de riego por manga, de menor costo pero también de mayor demanda hídrica.

Corte de tallos en uno de los lotes experimentales de cáñamo del INTA, donde se evalúa el comportamiento agronómico de distintas variedades.

Corte de tallos en uno de los lotes experimentales de cáñamo del INTA, donde se evalúa el comportamiento agronómico de distintas variedades.

En el plano normativo, desde el INTA remarcan que la actividad de investigación no encontró obstáculos regulatorios. Un punto que sí genera demoras, de acuerdo con lo señalado por Paez, es el trámite de inscripción de nuevas variedades en el registro nacional de cultivares, que según describe se encuentra retrasado desde hace varios meses. Para la producción con fines comerciales, los productores deben cumplir con registro de origen y trazabilidad de la semilla utilizada.

Un abanico de usos, del automóvil al jabón

Más allá de la fibra textil, el cáñamo tiene aplicaciones en distintas industrias. En Europa se utiliza en la fabricación de autopartes y en la producción de papel a partir de su pulpa, mientras que los residuos de la fibra se emplean en la construcción, incluida la fabricación de ladrillos, debido a su baja conductividad térmica. En el rubro textil, se destaca por sus propiedades antibacterianas y por ofrecer frescura en verano y abrigo en invierno; una empresa española, según cita Páez, fabrica indumentaria orgánica íntegramente con esta fibra. El cultivo se utiliza además en la elaboración de jabones y champús, y en aplicaciones vinculadas a la plomería.

El vínculo con el cannabis medicinal

A partir del PDTS, el laboratorio evaluará durante esta campaña y la próxima el contenido de CBD —el cannabinoide de uso medicinal, con bajo contenido de THC— en semillas y aceites de las variedades ensayadas, en articulación con la empresa estatal sanjuanina de cannabis medicinal (CANME). Los análisis correspondientes se realizarán en el laboratorio de esa compañía.

La expectativa para los próximos ciclos

Desde el INTA remarcan que la Red de Cultivares de Cáñamo Industrial continuará con la evaluación agronómica de variedades y sumará, en las próximas campañas, ensayos sobre fechas de siembra. El equipo del laboratorio, que también trabaja en hídricos sobre trigo, prevé extender ese tipo de evaluaciones al cáñamo una vez identificada la variedad mejor adaptada a la provincia. En paralelo, remarcan el potencial del cultivo para la fitorremediación —la capacidad de acumular metales pesados—, una línea de trabajo que se desarrolla desde otro equipo del INTA San Juan.

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