San Juan enfrenta un escenario hídrico donde el principal problema no es solo la escasez, sino la ineficiencia del sistema de distribución. Así lo advierte el quinto informe de coyuntura presentado por el Centro de Investigación, Desarrollo e Innovación para la Gestión Integral del Agua en el Árido (CIGIAA), un espacio interinstitucional conformado por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ), el Instituto Nacional del Agua (INA-CRAS), la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) y el Gobierno de la Provincia.
La crisis actual no es solo de oferta (falta de nieve), sino de gestión y adopción de nuevas tecnologías, según indican los especialistas de las diversas instituciones que componen el Centro del Agua que lleva cuatro años desarrollando diversas actividades en San Juan. Pasar de los diagnósticos que realiza el CIGIAA a la acción en la gestión del recurso hídrico es urgente.
Hoy el sistema es obsoleto
El diagnóstico técnico es contundente: la eficiencia global de la gestión del agua superficial en San Juan es alarmantemente baja, no superando el 20%. Esto significa que, de cada 100 litros que se entregan y reparten en el canal matriz, solo 20 litros llegan a ser consumidos por los cultivos para transformarse en productividad.
A diferencia de lo que comúnmente se cree, el agua que se pierde en la red de distribución no se recupera. Ese excedente no recarga los acuíferos profundos, sino que se estanca, manteniendo altos los niveles de la capa freática superficial y provocando problemas de revenición.
¿Cómo lograr un servicio de entrega de agua realmente útil?
El servicio debería cumplir con tres premisas fundamentales de política hídrica:
Flexibilidad: Que el agua llegue cuando el cultivo la necesita (por ejemplo, en el momento crítico del ciclo del ajo o el pistacho).
Fiabilidad: Que el productor pueda planificar su campaña sabiendo con cuánta agua contará realmente.
Equidad: Una distribución basada en la eficiencia para que todos los productores reciban la isma proporción de agua.
Actualmente, un productor en zonas como Calingasta puede invertir en tecnología de riego por goteo, pero si una creciente corta el canal, se queda semanas sin recurso. Ante esta falta de seguridad (fiabilidad) y flexibilidad en la red superficial, los productores que incorporan tecnología terminan recurriendo masivamente a perforar y extraer agua subterránea ¿La consecuencia directa? Estamos sobreexplotando los acuíferos para compensar las ineficiencias de los canales superficiales.
Hacia una gestión "minorista" y descentralizada
Frente a este límite operativo, el último informe del CIGIAA, del cual han participado profesionales que son miembro del INTA San Juan, propone descentralizar el control de la distribución de agua, empoderando a los propios usuarios organizados —a través de las Juntas Departamentales u otras figuras, como ocurre en Mendoza— para que asuman la administración directa en canales clave, como el Canal Céspedes, en Pocito, o el Canal San Guillermo, en Calingasta.
Solo mediante una gestión verdaderamente equitativa —donde el productor que está en la cabecera del canal reciba la misma proporción que el que está al final— lograremos proteger nuestra principal fuente de vida. El futuro de la agricultura sanjuanina ya no depende únicamente de cuánta nieve caiga en la cordillera, sino de la capacidad para modernizar, medir y distribuir cada gota con inteligencia comunitaria.
Los informes de coyuntura no son solo papeles con gráficos; son el mapa de supervivencia de nuestro sistema productivo. La crisis hídrica nos obliga a ser más profesionales, más científicos y, sobre todo, más colaborativos.