Marcos recuerda con orgullo sus primeros premios como nadador de Macabi y Obras Sanitarias a los 4-5 años. También que a los 13 y de la mano primero de Carlos Cuello y luego de la dupla Eduardo Ortega-Mónica Bernal, corrió su primer triatlón en el Dique de Ullum y a los 16 años su primer Ironman (cosa que no podría hacer ahora que se han cambiado las reglas del juego y para bien, opina él) como parte de la "U".


En la mitad del relato de sus logros, confiesa que nada de eso se compara con lo que le pasa a su hija mayor, la que lo ha superado ampliamente y la que lo ha obligado a descubrir otros horizontes, no solo del deporte, sino de cada aspecto de la vida. Claro que Sol no es la única responsable de esto. Su otros hijos, más pequeños, Nao y Joaco, tampoco dejan de llenarlo de satisfacciones. Pero claro aún no pueden al nivel deportivo de la ya multicampeona que a sus 16 años ya es parte del Seleccionado Nacional de Triatlón de Chile, donde viven. 


Marcos Ottenhsimer tenía 23 años, un título de profe de educación física y el primer año de cursado de la carrera de Medicina (en la UCCuyo), muchos aciertos deportivos en sus espaldas y una mochila cargada de ilusiones cuando se fue de San Juan. El primer destino fue Alemania donde hizo una Maestría y por esas cosas de la vida y los contactos, de inmediato recibió dos ofertas de trabajo: una en Barcelona, la otra en Chile. Familiero como es, optó por la alternativa más cercana a la provincia. Así fue como ingresó la Universidad Católica primero para trabajar en el área de Natación y luego en la Andrés Bello para trabajar no sólo en ámbitos deportivos sino en aspectos académicos y curriculares vinculados a la carrera de Educación Física y a los programas de posgrados. Eso fue hace 20 años.


En pandemia, terminó de renunciar a los ámbitos educativos para dedicarse a su emprendimiento, el RPM -por Revoluciones Por Minuto-, donde está al frente de una escuela de natación (desde matronatación pasando por grupos Kids, Escuela, Junior hasta Elite), escuela de running y el equipo de competidores de triatlón. Calcula que entrena entre 140 y 150 personas de todas las edades por semana, pero entre ellas, hay alguien especial: su hija mayor que acaba de ganar la medalla dorada con la bandera chilena -NDR: ella por ser hija de un sanjuanino y una porteña tiene doble nacionalidad chileno-argentina- en los últimos Juegos Sudamericanos y actualmente está en Málaga porque fue convocada para sumarse a los entrenamientos y competencias como integrante del equipo español Montilla-Córdoba. Hasta septiembre próximo, la adolescente no tiene pasaje de vuelta. Es que le sigue un calendario de competencias en copas internacionales en Marruecos, Países Bajos, Londres e Israel.


"La verdad es que no me imaginaba que mis hijos no fuesen deportistas. No sé cómo sería. Los pequeños y tengo mucho apoyo de su mamá, también nos siguen los pasos. Ellos compiten en natación, hacen bici. Pero debo reconocer con una mano en el corazón que al varón le veo mucho futuro en tenis y a Nao, en hockey sobre césped", dice Marcos que cuenta que con su otra hija el camino fue consecuencia lógica de su propia rutina.

"Sol empezó desde muy chiquita porque con su mamá nos separamos y ella decidió vivir conmigo. Entonces me acompañaba a entrenar, a competir, a la montaña, a los viajes. Siempre estábamos rodeados de deportistas. Ella era como la mascota del grupo, al punto que la bautizaron Cachorra, sobrenombre que sigue vigente hasta el día de hoy", agrega.


Por esa razón es por la cuál la adolescente hizo una rutina deportiva con mucha exigencia. Como su papá empieza su día laboral en RPM a las 5:30 de la madrugada, ella también iniciaba sus entrenamientos a esa hora y luego, iba a la escuela hasta las 16. Al salir, obviamente, volvía a entrenar.


Han cambiado algunos puntos desde que comenzó a los dos últimos años, cuando fue por primera vez convocada a competir fuera del país vecino: según cuenta el papá al principio tenía un profesor para cada deporte del triatlón -natación, ciclismo y pedestrismo-, pero en el último tiempo le pidió entrenar solamente con él. Es más, ahora que está sola en Europa, lo llama para repasar consejos y repensar estrategias antes de una competencia.


"Para muchos puede ser una tortura que uno mismo entrene y planifique el desarrollo competitivo de su hija. Para nosotros es parte de la vida misma. Tenemos un pacto que pocas veces cumplimos: intentamos que una vez que termine la rutina deportiva, no hablar más de ello. Aunque debo confesar que cuando comemos o cuando vamos en el auto, es inevitable que no se plantee algún tema del entrenamiento, lo que está haciendo bien, lo que está haciendo mal, como mejorar. Quizás antiguamente esto nos generaba discusiones, ahora ya hemos aprendido a disfrutarlo. Y a entenderlo como es porque, nobleza obliga decirlo, luego de nadar, hacer tantos ejercicios, correr, hacer bici fija, y todo lo que implica un entrenamiento, uno vuelve a su casa y se pone en el rol del papá, pero claro, no es un padre común y corriente. Yo debo ocuparme de que su comida esté equilibrada y sea lo que debe consumir, de su descanso, de que se respeten los métodos de recuperación sugeridos usando las botas de compresión, o haciéndole masajes, o de llevarla al kinesiólogo, al quiropráctico, la nutricionista, etc, etc. Esto es 24-7, uno no puede desvincularse jamás", explica el deportista.


Quizás, uno pueda intuir que por estar rodeada de un mundo competitivo, ese sea el secreto del éxito de la flamante campeona que recientemente obtuvo el tercer lugar en la competencia por equipos femenina del Triatlón Marqués de Águilas, en España.


"Estar todo el tiempo metido en el deporte es el gran secreto de su madurez tan temprana y su profesionalismo precoz, y en definitiva, de los pasos que ha dado y que han hecho que marque la diferencia con respecto a los niños de su edad. Ella tiene una cabeza de competidora porque todo el día habla de eso, es su rutina y ya domina lo que tiene que conquistar en una categoría elite, siendo que ella es menor", asegura el papá-entrenador.


No titubea cuando se le pregunta si Sol es su mejor trofeo. "El trofeo más grande es poder apoyarla en lo que ella más quiere y en todo lo que se propone. Ella sueña con ser olímpica y yo siempre voy a estar ahí, tanto con ella como con sus hermanos. Yo como papá tengo que potenciar todo lo que veo como entrenador. Ella tiene todas las condiciones para ser una gran competidora", dice.


Está tan orgulloso de su hija que no registra que se haya frustrado porque alguna vez no salieran las cosas como quería como responsable de sus entrenamientos o porque la chica no alcanzara alguna meta. "A veces siento un poco de dolor. Justamente en estos días pensaba y con mucha alegría que Sol está donde quiere estar y que le está yendo muy bien. De hecho, además de los premios vuelve con una convocatoria de 7 meses para otro equipo español, Diablillos, el mejor de triatlón para el 2023. No me frustra, pero la extraño, me gustaría acompañarla de cerca pero tengo otros dos hijos más chicos con los que debo estar si o si. Ella tiene que hacer su camino y ya ha anunciado que cuando termine el colegio, en un año y medio, quiere irse a entrenar en alto rendimiento y estudiar Medicina en Europa. Y lo va a hacer. Pero eso me genera angustia de algún modo. No me da miedo porque la conozco: como deportista es muy obsesiva, muy responsable y no se sale de sus objetivos. Me tranquiliza saber que sabe lo que quiere. Me da muchas satisfacciones que desde los 14 viaja por el mundo y ya ha competido en todos los continentes. Es, en definitiva, fruto de lo que he criado, no la cuestiono, pero en el fondo se me estruja el corazón", se sincera y comparte que sabe que en Europa tiene más chances para crecer que en Sudamérica ya que mientras en Argentina o Chile hay 20 corredoras en cada Sudamericano, en un triatlón o Ironman en España (la carrera más exigente del mundo que implica nadar 3,8 kilómetros en aguas abiertas, 180 kilómetros de ciclismo y una maratón de 42,195 metros) tiene 700 personas en la mismas condiciones por lo que tiene que ganarse un lugar clasificando, luego en semifinales y por último en la final. Por eso apuesta a que le vaya bien, allí donde quiera estar y donde sea feliz con lo que haga.

Dice que son muy parecidos. Solo hay un detalle que los diferencia: a Marcos -pese a que su papá Alberto fue jugador del club Atlético de la Juventud Alianza -desde fines de los 70 a los primeros años del 80- y de Independiente de Villa Obrera,hoy trinidad, donde hizo un gol olímpico en el arco sur (desde la zona de córner) que quedó para el recuerdo de propios y ajenos- no le gusta el fútbol. Casi que ni para verlo por tv, salvo cuando hay partidos de las selecciones (NDR: el sanjuanino confiesa que su corazón está del lado albiceleste siempre, salvo que el equipo chileno juegue con otras naciones, entonces se permite alentarlo, sin problemas). En cambio a Sol le gusta mucho. Y ya tiene propuestas hasta para sumarse a un importante equipo femenino. Si todo sale como lo pensado y como el abuelo paterno añora, a su regreso de Europa, en septiembre, irá a probarse en las canchas. Y quién dice, quizás sea, su gol olímpico y un peldaño más en su carrera deportiva.

Tres generaciones. Nieta, abuelo y papá han compartido más de una competencia, tal como se ve en la foto, en una carrera en San Juan. A ella le encanta venir a entrenar aquí no sólo para pasar tiempo con la familia sino porque es muy amiga de los integrantes de la Selección Argentina de Triatlón que comanda Gonzalo Telechea. Cuando puede, se hace una escapada desde Santiago, para juntarse a correr con ellos. 

En familia: Marcos con sus hijos Sol, Naomi y Joaquín.