Carlos Eduardo Robledo Puch, el máximo asesino de la historia criminal argentina y quien lleva 45 de sus 65 años de vida preso, dejará la cárcel de Sierra Chica, la cuál considera como su casa, para ir a otro penal bajo un régimen de detención semi-abierto. El llamado Ángel Negro fue detenido por matar a once personas por la espalda mientras dormían entre 1971 y 1972.

 

La decisión fue tomada en las últimas horas por el juez de Ejecución de la Cámara Penal de San Isidro, Duilio Alberto Cámpora, quien así hizo lugar a un pedido del defensor general oficial de ese departamento judicial, José Luis Villada.

 

En su fallo, el juez Cámpora notificó al Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB) que deberá informar “trimestralmente” los “avances y particularidades” de Robledo Puch en sus nuevas condiciones de alojamiento.

 

Al mismo tiempo, el magistrado notificó que Puch deberá recibir acompañamiento terapéutico de un psicólogo y un psiquiatra e instó al SPB a que ponga a disposición del detenido “quehaceres que coayuden a su resocialización” como la práctica del ajedrez y otras “tareas recreativas”.

 

En octubre del año pasado, la Suprema Corte de Justicia de la provincia de Buenos Aires ya había ordenado al juez de Ejecución Penal de San Isidro que se adoptaran “las medidas pertinentes” para que el detenido fuera derivado de un ámbito cerrado a otro menos riguroso, para “que se lo vaya preparando para la vida en libertad”.

Esta decisión fue en respuesta a un requerimiento del defensor de Casación, Ignacio Nolfi, quien había interpuesto dos meses antes un recurso extraordinario solicitando la libertad por agotamiento de pena con el argumento de que, “luego de una vida de encierro los jueces intervinientes mantienen a Robledo Puch en un limbo de indeterminación”.

 

Pese a esto, la Suprema Corte, con el voto de los jueces Daniel Soria, Hilda Kogan, Héctor Negri y Eduardo Pettigiani, rechazó el pedido de agotamiento de pena y la pretendida inconstitucionalidad de la accesoria de reclusión por tiempo indeterminado.

Mientras que en mayo de 2016, Puch ya había sido trasladado desde el penal de Sierra Chica a la Asesoría Pericial de San Isidro para ser sometido a distintos estudios médicos en el marco de su pedido para abandonar la cárcel, ya que sufre de Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC).

 

Esta revisión fue ordenada por la Sala I de la Cámara de Apelaciones de San Isidro luego de que el juez Cámpora rechazó el planteo de la defensa para que el apodado “Ángel Negro” o “Ángel de la Muerte” recupere su no tan ansiada libertad.

 

Robledo Puch fue condenado el 27 de noviembre de 1980 a “reclusión perpetua con la accesoria de reclusión por tiempo indeterminado” por la Sala I de la Cámara de San Isidro que lo encontró culpable de 11 homicidios, entre otros delitos.

 

La serie de asesinatos, robos y violaciones comenzó en mayo de 1971 en la zona norte del conurbano y tuvo como primer cómplice a Jorge Ibáñez, a quien conoció a los 16 años y que murió en agosto siguiente en un accidente de auto en el que también estuvo involucrado Puch.

La seguidilla continuó con su segundo cómplice, Héctor Somoza, quien fue en febrero de 1972 la última víctima del “Ángel Negro”, al que detuvieron un día después de ese crimen en Tigre. La principal prueba de la policía para localizar a Puch fue su documento identidad hallado en el bolsillo de la camisa de Somoza, a quien mató con un soplete.

 

Durante los 45 años que lleva detenido, Robledo Puch sólo tuvo tres días de libertad, cuando en 1973 se fugó de la cárcel de La Plata. Durante su tiempo en prisión, fue trasladado en 2003 al neuropsiquiátrico de Melchor Romero luego de haber prendido fuego el taller del penal de Sierra Chica vestido de Batman; y en 2007 a la cárcel de Azul para realizarse estudios médicos.