El consumo de carne vacuna en Argentina atraviesa uno de sus momentos más delicados de las últimas décadas. Impulsado por el fuerte aumento de precios y la pérdida del poder adquisitivo, el consumo interno podría cerrar este año en el nivel más bajo de los últimos 20 años.
Según estimaciones privadas y datos del sector cárnico, el consumo por habitante podría ubicarse en torno a los 43 kilos anuales, una cifra que refleja el impacto de la inflación sobre uno de los alimentos más representativos de la mesa argentina.
En paralelo, el precio de la carne vacuna registró un incremento cercano al 70% interanual, muy por encima de la capacidad de compra de muchos hogares. Esta situación obligó a numerosas familias a reducir el consumo o reemplazar la carne vacuna por alternativas más económicas como pollo o cerdo.
A pesar de la caída en el mercado interno, el sector exportador atraviesa un escenario completamente distinto. Las ventas al exterior alcanzaron niveles récord, favorecidas por la demanda internacional y la competitividad de algunos mercados.
Especialistas señalan que la combinación entre mayores exportaciones y menores niveles de consumo local refleja una transformación en la dinámica del sector, donde cada vez pesa más el negocio externo frente al deterioro del poder de compra interno.
Mientras tanto, comerciantes y frigoríficos advierten que el encarecimiento sostenido de la carne continúa afectando las ventas en carnicerías y supermercados, en un contexto económico que obliga a los consumidores a priorizar productos más accesibles.