La Justicia decretó la quiebra de uno de los bares históricos más conocidos de la Ciudad de Buenos Aires. Se trata de The New Brighton, un ícono de la City porteña que no logró sobrevivir a la caída del consumo y al deterioro de la actividad en la zona generado a partir de la pandemia.
La decisión fue tomada por el Juzgado Nacional de Primera Instancia en lo Comercial N° 3 y oficializada tras la publicación del edicto en el Boletín Oficial. El local está ubicado en Sarmiento 645, en el barrio de San Nicolás, una de las zonas más golpeadas por la transformación del microcentro porteño.
A pesar de que históricamente fue una de las zonas más densamente transitadas, tras la pandemia, el microcentro dejó de concentrar las miles de oficinas que allí funcionaban, muchas de las cuales se reubicaron en otros corredores de la ciudad, principalmente en Palermo y Núñez.
A eso se sumó una fuerte caída del consumo diario que redujo de forma drástica el flujo de clientes, un golpe directo para bares y restaurantes que dependían del movimiento laboral.
Esta situación contextualiza la vacancia comercial en Buenos Aires. De acuerdo con la Cámara Argentina de Comercio (CAC), la cantidad de locales vacíos creció 43,4% durante el primer bimestre de 2026 en las principales arterias del centro. El microcentro, San Nicolás y Monserrat concentraron la mayor cantidad de locales vacíos.
El cierre de The New Brighton no es un caso aislado. Según la Asociación de Hoteles, Restaurantes, Confiterías y Cafés, otros bares notables también atravesaron situaciones críticas en los últimos años.
Algunos directamente bajaron la persiana, como La Paz, sobre la avenida Corrientes o la histórica sucursal de La Continental en Almagro. Otros, como Café Petit Colón, se mantienen en una situación delicada. Y hay casos como La Giralda, que necesitó el ingreso de nuevos accionistas para sostenerse.
Un bar con más de un siglo de historia
El edificio que alberga a The New Brighton fue inaugurado en 1908 como una exclusiva boutique de moda llamada The Brighton.
Su historia tuvo proyección internacional. En 1935 lo visitó Eduardo de Windsor, entonces príncipe de Gales y luego Rey Eduardo VIII, quien obsequió al dueño dos esculturas con las tres plumas, símbolo de Gales.
Con el paso del tiempo, el lugar se transformó junto con la ciudad. Entre 1978 y 2002 funcionó allí el restaurante Clark’s, donde el recordado chef Gato Dumas desarrolló parte de su carrera. Años después, una restauración devolvió al espacio su estética original de estilo belle époque. Se destacaban la barra de madera tallada, los vitrales y el mobiliario de época, que convivían con las piezas históricas donadas por la realeza británica.
Consumo en caída y cambio de hábitos
El deterioro del sector gastronómico se profundizó durante 2025. Según la la Asociación de Hoteles, Restaurantes, Confiterías y Cafés (AHRCC), las ventas cayeron hasta 30% en comparación con 2024, en un contexto de recesión y pérdida del poder adquisitivo.
Esto generó, consecuentemente, un cambio de hábitos en los consumidores. Una encuesta de Management & Fit mostró que ocho de cada 10 argentinos redujeron sus gastos, y las salidas gastronómicas aparecen entre los primeros recortes.
El impacto no es uniforme y depende tanto de la ubicación como del tipo de público. En zonas como Puerto Madero, la menor llegada de turistas y el recorte en el gasto de visitantes extranjeros golpeó de lleno la actividad. En el microcentro, en cambio, la dinámica está atada al ritmo de las oficinas, con mayor movimiento en los primeros días del mes, cuando se concentran pagos y mayor circulación laboral, y una caída sostenida hacia el cierre, lo que complica la previsibilidad de ingresos para los locales gastronómicos.
En ese contexto, algunos formatos logran adaptarse mejor. Los bodegones empezaron a ganar terreno con propuestas más accesibles, porciones abundantes y platos para compartir, lo que permite reducir el gasto individual sin resignar la salida. Este tipo de oferta se vuelve más atractiva en un escenario de ingresos ajustados y caída del consumo, mientras que los espacios tradicionales del microcentro, más dependientes del ticket promedio y del flujo de oficinas, enfrentan mayores dificultades para sostener su actividad.