Por Silvana Cataldo -Especialista en formación en lectura
Por Silvana Cataldo -Especialista en formación en lectura
El físico y divulgador científico Andrés Rieznik se ha dedicado a estudiar el problema de la alfabetización desde 2010. Hay muchos problemas que afectan a la formación lectora hoy (menos modelos de lectura, menos acceso a los libros y a contextos lectores previos a la alfabetización, el debilitamiento de la atención por causa del exceso de pantallas, menos desarrollo de lenguaje y comprensión oral a causa de la disminución de los intercambios oralizados entre padres y niños). Pero entre todos, hay uno que es clave: cómo abordar la enseñanza de la lectura para que se produzca un aprendizaje profundo y se desarrollen las habilidades necesarias para poder leer. Para Rieznik, la clave está en volver a una enseñanza explícita y sistemática de la relación entre letras y sonidos. "La ciencia ya tiene mucha evidencia sobre cómo el cerebro aprende a leer: enseñar sistemáticamente, una a una las letras y sus sonidos, y ejercitar todos los días", explica. Rieznik señala que, a pesar de los avances en investigación, muchas de estas prácticas aún no están extendidas en el sistema educativo. Sin embargo, los estudios en neurociencias y ciencias del aprendizaje muestran que cuando la enseñanza se centra en el reconocimiento de los sonidos del habla y su correspondencia con las letras, los resultados mejoran notablemente."El español rioplatense es una lengua muy transparente. La evidencia demuestra que el 95 % de los chicos podría aprender a leer y escribir en primer grado, aún en contextos de pobreza", afirma.
La base de todos los aprendizajes
Para el investigador, la alfabetización no es un contenido más del currículo, sino el cimiento sobre el cual se construye todo el resto de la experiencia escolar. Cuando los estudiantes no logran leer con fluidez en los primeros años, se ven afectadas muchas otras áreas del aprendizaje. "La escuela tiene que ser una igualadora de oportunidades", subraya Rieznik, al remarcar que enseñar a leer de manera efectiva es una condición básica para cumplir con esa misión. Según explica, el proceso de aprendizaje lector implica desarrollar lo que se conoce como conciencia fonológica: la capacidad de reconocer los sonidos del habla y asociarlos con sus representaciones escritas."Cuando un chico empieza a hablar, hacia los 4 o 5 años, lo hace bien instintivamente. La enseñanza explícita lo tiene que llevar a reconocer esos sonidos en el sistema escrito. Implica el reconocimiento de los sonidos del habla y hacer las correspondencia con las grafías que los representan, con toda la diversidad que las compone". Este proceso ocurre en una región específica del cerebro: en el lóbulo temporal, que se especializa en el procesamiento de sonidos del lenguaje. Cuando esa enseñanza es sistemática y sostenida en el tiempo, los avances pueden verse rápidamente. Con prácticas diarias de entre treinta y cuarenta minutos, muchos niños comienzan a leer en pocos meses.
Un proyecto abierto y gratuito
Con esa base científica nació Kalulu, una iniciativa impulsada por la Asociación Excello, cuyo cofundador es el reconocido neurocientífico Stanislas Dehaene. El proyecto propone un enfoque fonético y gradual para enseñar a leer y ofrece materiales gratuitos que pueden ser utilizados tanto en escuelas como en espacios educativos no formales. Incluye una guía pedagógica para docentes, libros infantiles con instrucción fonética explícita, una aplicación interactiva y juegos de cartas que refuerzan las habilidades lectoras. Todos los recursos pueden descargarse libremente desde internet y están pensados para que cualquier docente, educador o adulto interesado pueda acompañar procesos de alfabetización, no solo en niños sino también en adolescentes y adultos. Actualmente más de cincuenta escuelas participan del programa y el número sigue creciendo. El objetivo del equipo de Kalulu es generar una gran experiencia de ciencia colaborativa que permita reunir evidencia sobre la efectividad del método en distintos contextos educativos del país. Por eso, se proponen acompañar, formar y seguir generando evidencia en las diferentes versiones de la aplicación del método: con niños, con adolescentes y también con adultos. Rieznik comparte algunas de las experiencias que están en marcha. Recién llegado de Arrecifes, Pcia de Buenos Aires, cuenta que el método se está poniendo en marcha en espacios no formales con chicos que tenían dificultades de aprendizaje. Y en las pruebas provinciales, las escuelas del lugar tuvieron un resultado de entre 7 y 50% de respuestas correctas mientras que los chicos que fueron al taller de lectura basado en el método Kalulu, durante dos meses, fuera del horario escolar, tuvieron un resultado de más de 78% de respuestas correctas. Estos resultados entusiasman e invitan al equipo a seguir investigando.
A fines de 2026, entre todos los docentes e investigadores participantes se publicarán los resultados. "Queremos dar una señal al mundo, proponer esta experiencia como un ejemplo de cómo debería avanzar la ciencia de la educación: en colaboración entre universidades y docentes, que son quienes están en el aula y saben realmente lo que los chicos necesitan", explica Rieznik.
La ciencia en manos de todos
El proyecto inició con recursos iniciales muy modestos (apenas diez mil dólares destinados a imprimir cuadernillos para escuelas sin recursos) y busca sumar cada vez más docentes y comunidades educativas, del sistema formal o espacios extracurriculares. Para ello, basta con ingresar al sitio web (kalulu.org), descargar los materiales y comenzar. Para ser parte de la comunidad de prácticas, hay un formulario de registro. Pero todo el que pueda participar o colaborar con la logística de los cuadernillos es bienvenido.
Impulsar este proyecto colectivo es apostar a algo simple y poderoso al mismo tiempo: cuando la escuela, la ciencia y la sociedad trabajan juntas, es posible imaginar un futuro distinto para todos.