22 de marzo de 2026 - 06:00

Fenómeno barrial y mundial a la vez

Al presidente Milei le fue mejor siempre que se dejó acompañar por gente que sabe más o que tiene más experiencias que él o Karina.

1) Ganó las PASO porque Sergio Massa le dio toda la estructura puesto que el candidato del peronismo creyó que, aportando recursos de gran cuantía a la campaña de Milei, le quitaría votos al macrismo, con lo cual él ganaba seguro. Pero el que pasó por el medio no fue Massa sino Milei, porque los vientos conducían para su lado.

2) Luego ganó el ballotage muy bien por el gran apoyo que le dio Mauricio Macri.

3) Después, pudo sacar leyes cuando se alió con los gobernadores mientras que cuando se puso a competir con ellos para intentar avanzar partidariamente sobre sus dominios territoriales, no sacó ninguna ley.

4) En su peor momento, ganó las elecciones de medio término por el apoyo excepcional que le dio Donald Trump.

5) Por último, lo mejor de su gestión de gobierno la está haciendo con gente que viene de la presidencia de Macri o de partidos tradicionales. No con los que llegaron con él.

Mientras que, cuando no quiere compartir nada con nadie, le va en general horrible. Porque se termina apoyando en advenedizos, aventureros, oportunistas, marginales de la propia casta, rateritos de quinta categoría. O en los viejos amigos previos a su meteórico ascenso, los "muchachos de mi barrio" como diría Palito Ortega. Que son, precisamente los que le están ocasionando los problemas de gobernabilidad que cada tanto tiene.

1) El libragate estalló a las tres horas de haberse puesto en funcionamiento con el apoyo explícito de Milei. Es que su viejo amigo, Mauricio Novelli, es un raterito, no un especialista serio en las criptomonedas, por lo cual le presenta chantas como él, tal cual lo es Hayden Davis, quien creyó que podía manejar como títeres a Javier y Karina, lo que, en cierta medida, en algún momento logró. Porque les supo vender el buzón. Novelli y Davis, dos cripto chantas absolutos armaron un affaire que cada día complica más al presidente.

2) Lo de discapacidad estalló porque el amigo de Milei, entonces titular de la Andis, Diego Spagnuolo, se dejó grabar desde un lugar público desde el cual acusaba a los gritos a Karina y los hermanitos Menem porque supuestamente no le daban "su parte". Acá estamos frente a un raterito frustrado, pero que desde su insignificancia gestó una sospecha trascendente que salpicó las más altas cúpulas del poder político

3) Lo de Manuel Adorni explotó por permitirle ascender a las máximas jerarquías gubernamentales, incluso por encima de profesionales de primer nivel como Patricia Bullrich o Santiago Caputo, a un pícaro, periodista mediocre y funcionario más mediocre aún. Un mero arribista de undécima categoría que apenas ascendió un poco en la escala política, como todo advenedizo, "se la creyó" y entonces de inmediato empezó a ir construyendo su propia "movilidad social ascendente", esa que hoy (y desde hace mucho) la clase media solo puede lograr desde la política, no desde el trabajo, la educación, el esfuerzo y el mérito, como se hacía en la Argentina de antaño. Gracias a la política le consiguió laburo (y clientes) a su mujer, se compró una casita en un country exclusivo y empezó a viajar en jets privados. Reiteramos, se la creyó. Y armó un escándalo bárbaro básicamente porque le dieron un cargo un millón de veces superior a su valía personal, política y de todo cualquier otro tipo.

Milei se burla de los que lo consideraban un mero fenómeno barrial, ya que ahora -Trump mediante- ha devenido un fenómeno mundial. Sin embargo, para consolidarse en ese nuevo rol, debería -antes que nada- alejar para siempre de su lado a amigos rateritos del pasado barrial como Mauricio Novelli, el del libragate. O dejarse de empoderar a chantas insignificantes como Manuel Adorni. Milei se burla de los que lo consideraban un mero fenómeno barrial, ya que ahora -Trump mediante- ha devenido un fenómeno mundial. Sin embargo, para consolidarse en ese nuevo rol, debería -antes que nada- alejar para siempre de su lado a amigos rateritos del pasado barrial como Mauricio Novelli, el del libragate. O dejarse de empoderar a chantas insignificantes como Manuel Adorni.

Aún es temprano para saber si estas irregularidades incipientes fueron promovidas desde los máximos niveles del poder político (como en forma desproporcionadamente mayor cuantitativamente hablando hacían los Kirchner) pero hubiera o no participación en las correrías de los rateritos por parte de los Milei, los rateritos no pueden sino hacer lo que hicieron si se intenta gobernar con ellos. Está en su naturaleza. No solo delinquirán, sino que lo harán de un modo tan torpe que les estallará el intento de delito en la cara en el mismo momento en que lo están haciendo, o los descubrirán a los pocos días.

Que el libragate haya estallado a las tres horas de haberlo promovido Milei o que el "cripto amigo" Mauricio Novelli se haya querido comprar un BMW, un rólex y una mansión en un country a cuenta de lo que ganaría con la moneda virtual que le haría promocionar a Milei y que además lo contara todo por teléfono, no son obras de profesionales del robo sino de chantas demenciales. Mejor dicho, lo demencial es que estos rateros accedan al nivel presidencial.

De seguir proliferando los Novelli-Davis, los Spagnuolo, los Adorni, el fracaso está asegurado. Con sus trapisondas cuantitativamente insignificantes (insistimos, siempre en comparación con la corrupción estructural kirchnerista) se pueden armar escándalos de magnitudes colosales.

Es que, para devenir fenómeno mundial, o siquiera líder nacional, necesita, entre otras tantas cosas, señor presidente, dejar de lado a los viejos amigos de esos tiempos cuando con sus excentricidades usted era apenas un fenómeno barrial o de la tevé chismosa. Porque ellos quieren colgarse de su fama y poder tan rápidamente adquiridas, haciendo negocios personales igual de rápidos, aunque sean de menor cuantía.

En síntesis, señor presidente, usted debería abandonar para siempre, al menos en las cosas del poder, a los viejos amigos del barrio, o a los que aún recién conocidos, actúan con la misma lógica de los viejos. Y ponerse a gobernar con los que saben, la mayoría de los cuales están fuera de LLA, en particular ahora que se ha demostrado con creces lo que en el fondo siempre se supuso: que cuando se entra en política, en casta se transforman todos.

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