11 de junio de 2026 - 05:00

IA en el mundo laboral: ¿herramienta o amenaza?

Por Rodrigo D. Metola San Nicolás - Abogado

La inteligencia artificial es hoy moneda corriente en la sociedad y llevado al mundo laboral, se ha convertido en una herramienta poderosa para las empresas capaz de automatizar procesos, reducir costos y aumentar la eficiencia. Pero detrás de ese discurso de modernización y futuro aparece un detalle que no puede ignorarse: la posibilidad de que los empleadores sustituyan trabajadores humanos por inteligencias artificiales.

En sectores como la administración, los servicios financieros y la atención al cliente, la automatización ya está reemplazando tareas que antes requerían decenas de empleados. Chatbots que atienden consultas, algoritmos que procesan balances contables y sistemas que gestionan inventarios son ejemplos de cómo la tecnología puede hacer en segundos lo que antes llevaba horas. Para los empleadores, la ecuación es simple: menos salarios, menos cargas sociales, más productividad.

Con todo lo dicho, el riesgo para los trabajadores (y las familias que dependen de ellos) es evidente. La IA no solo desplaza puestos de baja calificación, sino que empieza a avanzar sobre trabajos profesionales que en unos años quizás desaparezcan. La tentación empresarial es grande: sustituir personas por máquinas que no reclaman aumentos, no se sindicalizan y no se enferman.

Las políticas públicas en Sudamérica aún no han dado una respuesta clara: Brasil intenta reconvertir trabajadores con programas de capacitación digital. Chile discute marcos regulatorios para limitar el reemplazo indiscriminado. Argentina, en cambio, se concentra en la productividad y la competitividad, pero sin una estrategia definida para proteger a los empleados. En países como Perú y Colombia, la IA se impulsa en minería y energía, aunque sin planes sólidos de reconversión laboral.

Si la tecnología se usa únicamente para reducir costos, el resultado será más desigualdad y exclusión. Si, en cambio, se acompaña con políticas de capacitación, regulación y protección social, la IA puede convertirse en una herramienta que complemente y potencie al trabajador en lugar de reemplazarlo. Si la tecnología se usa únicamente para reducir costos, el resultado será más desigualdad y exclusión. Si, en cambio, se acompaña con políticas de capacitación, regulación y protección social, la IA puede convertirse en una herramienta que complemente y potencie al trabajador en lugar de reemplazarlo.

El dilema es complejo: ¿hasta qué punto los empleadores deben tener libertad para sustituir trabajadores por IA? La respuesta no puede quedar librada solo al mercado, pues esto sería sumamente lesivo de los derechos laborales. Si la tecnología se usa únicamente para reducir costos, el resultado será más desigualdad y exclusión. Si, en cambio, se acompaña con políticas de capacitación, regulación y protección social, la IA puede convertirse en una herramienta que complemente y potencie al trabajador en lugar de reemplazarlo.

En definitiva, la inteligencia artificial abre una oportunidad y un riesgo. Por un lado surge la chance de modernizar procesos y de liberar tiempo para tareas creativas y de mayor valor. Por el otro, el peligro de que los empleadores la utilicen como un atajo para prescindir de trabajadores y precarizar el empleo. El futuro del trabajo dependerá de cómo se regule esa tentación: si se convierte en un camino hacia la eficiencia compartida o en una excusa para desplazar a quienes sostienen, día a día, la economía real. El futuro llegó, hace rato.

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