9 de julio de 2026 - 05:00

Los representantes de San Juan en el Congreso de Tucumán

Por Prof. Edmundo Jorge Delgado - Magíster en Historia

En aquel histórico mes de julio de 1816, hace 210 años, San Juan envió al Congreso de Tucumán dos ilustres hombres, quienes tuvieron un magnifico protagonismo en aquellas sesiones.

Francisco Narciso Laprida

Laprida presidió el memorable Congreso de Tucumán. Los hizo con ímpetu, acorde a las difíciles circunstancias que se vivían. Allí su estampa ocupó el primer plano de la vida nacional, dejando con pulso seguro, la rúbrica en el pliego que sería nuestra partida de nacimiento como nación independiente y soberana.

El presidente de este célebre congreso nació en octubre de 1786, era sanjuanino de ascendencia asturiana. Cursó los primeros estudios en su ciudad natal y los continuó en el Colegio de San Carlos en Buenos Aires. Luego pasó a Chile licenciándose en jurisprudencia.

Comenzó la carrera pública siendo joven. Sus sólidas virtudes y conocimientos le hicieron ganar un lugar de privilegio en los círculos que frecuentaba, ocupando destacados cargos en el gobierno. Cuando estalló la Revolución de Mayo se adhirió a ella y años después fue uno de los más fieles colaboradores del Libertador, asistiendo con perseverancia y patrimonio en pro de la campaña emancipadora.

Con solo veintinueve años representó a su provincia como diputado, junto a Fray Justo Santa María de Oro. Sin embargo, el accionar de Laprida no se agota con su desempeño en Tucumán. Años más tarde continuó los quehaceres políticos representando a San Juan en otras ocasiones y actuando en diferentes funciones, donde siempre surgían sus actitudes cívicas. Así por ejemplo fue investido como gobernador interino de la provincia, miembro de la legislatura local y nuevamente en 1824 representó a su suelo como diputado. Más tarde cuando la vida política se volvió arriesgada por las luchas intestinas que azotaban el país, Laprida emigró a Mendoza, enrolándose como cabo en el batallón "El Orden". Según explican los historiadores, se sentía orgulloso luciendo las charreteras de cabo, poniendo toda su capacidad en trabajar para enaltecerlas. Muy pronto llegó el día en que el batallón iría a la lucha y para el sanjuanino era un tema de honradez tener su piquete bien adiestrado. Es entonces cuando sobreviene el dramático episodio de su muerte, luego de la batalla del Pilar, en la que los unitarios fueron vencidos. En la tarde del 22 de septiembre de 1829 Laprida murió degollado a traición. Los restos jamás pudieron ser ubicados.

Fray Justo Santa María de Oro

La vida de este singular hombre, cuyo accionar aún no ha sido valorado en su justa dimensión, estuvo entregada a dos grandes amores: el amor hacia su Iglesia y hacia su Patria. Así vemos que cuando se inició la emancipación, inmediatamente se puso a su servicio. Los sucesos de mayo lo sorprendieron en España, en época de las luchas contra Napoleón. Enterado de estos acontecimientos, como otras figuras del clero americano, abrazó la novel causa y regresó rápidamente a Buenos Aires, para luego atravesar la cordillera y dirigirse a Chile. Desde entonces el Obispo de Oro se convirtió en una de las figuras más representativas de la revolución rioplatense. Llegado a Chile acompañó a aquel levantamiento, afligiéndose hondamente por las luchas internas que soportaba, estimuladas por Juan Miguel Carrera, hasta que finalmente por las circunstancias adversas que tuvo que atravesar aquella insurrección, como fue el desastre de Rancagua y el consiguiente triunfo realista, nuevamente franqueó los Andes, llegando a su patria chica a fines de 1814.

Francisco Narciso Laprida y Fray Justo Santa María de Oro fueron dos de los protagonistas sanjuaninos de la gesta que dio origen a la Independencia argentina. Francisco Narciso Laprida y Fray Justo Santa María de Oro fueron dos de los protagonistas sanjuaninos de la gesta que dio origen a la Independencia argentina.

San Juan en esos años se encontraba sacudida por las reformas políticas implementadas por el Gran Capitán. Después de que el Dr. Ignacio de la Roza fuera nombrado Gobernador Intendente, Fray Justo se adhirió a su proyecto y consecuentemente a la empresa sanmartiniana. El Convento de Santo Domingo, inspirado por este sacerdote, contribuyó generosamente con sus rentas para solventar los gastos de aquel ejército que urgentemente tenía que entrar en acción, además él lo asistió con su propio peculio. Luego de que partiera la columna dirigida por el comandante Cabot, continuó con sus quehaceres en pos de la gran causa, simultáneamente desarrollaba una perdurable tarea pastoral. A fines de 1815 se empezaron a nombrar a los diputados que debían asistir al Congreso Nacional que se reuniría en Tucumán. Fue su indudable talento, su preparación intelectual y su hondo sentido patrio el que lo llevó a representarnos, junto al Dr. Francisco Narciso de Laprida.

Luego de declararse la independencia, sobrevino una apasionante discusión, en la sesión del 15 de julio, acerca de la forma de gobierno que se adoptaría. Fue entonces cuando Fray Justo Santa María de Oro habló con frenesí expresando: "Para poder determinar la forma de gobierno, era preciso consultar previamente al pueblo…". El clérigo falleció años más tarde, en octubre de 1836.

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