Salud pública: un sistema al límite que exige decisiones de fondo

El sistema de salud pública de San Juan atraviesa una de las tensiones más críticas de los últimos años. El dato es contundente: en apenas dos años, la cantidad de pacientes atendidos creció un 63%. Traducido en términos simples, donde antes se atendían 100 personas, hoy son 163. Este salto no es coyuntural ni anecdótico; responde a una transformación profunda en el acceso a la atención médica que expone con crudeza los límites de la estructura sanitaria provincial.

El Estado ha reaccionado con herramientas inmediatas, ampliando la oferta de turnos mensuales de 18.000 a 52.000. Sin embargo, incluso desde el propio Gobierno se reconoce que el esfuerzo resulta insuficiente frente a una demanda que no deja de crecer. La sensación de que el sistema "corre siempre por detrás" no es solo una admisión técnica, es la experiencia cotidiana de miles de sanjuaninos que enfrentan demoras, dificultades para conseguir turnos y esperas prolongadas en las guardias.

El fenómeno tiene una causa central: el corrimiento de pacientes desde el sector privado hacia el público. Hoy, cerca del 50% de quienes se atienden en hospitales estatales cuentan con algún tipo de cobertura médica, y un 37% pertenece a obras sociales. Este dato revela un deterioro evidente en la capacidad de respuesta del sistema privado o, en su defecto, un encarecimiento de sus servicios que los vuelve inaccesibles para amplios sectores de la población. En ambos casos, el resultado es el mismo: una presión creciente sobre el sistema público.

Las consecuencias de esta sobrecarga son visibles. Hospitales clave como el Rawson registran cifras récord -48.000 turnos en consultorios externos solo en marzo pasado-, mientras que las guardias acumulan demoras de entre cuatro y seis horas para casos no urgentes. La priorización de emergencias es lógica y necesaria, pero deja al descubierto una brecha cada vez mayor entre la demanda y la capacidad instalada.

En este contexto, los reclamos de los pacientes no solo son comprensibles, sino también legítimos. La salud no admite dilaciones ni respuestas parciales. Lo que hoy se observa es un sistema que resiste, pero que opera al límite de sus posibilidades.

La discusión de fondo ya no puede postergarse. Sin una expansión estructural de recursos humanos, infraestructura y financiamiento, la brecha continuará ampliándose. La solución no pasa únicamente por aumentar turnos, sino por rediseñar el sistema en función de esta nueva realidad. La salud pública se ha convertido, más que nunca, en el principal sostén sanitario de la población. Ignorar esta transformación sería, en los hechos, condenarla a la saturación permanente.

LAS MAS LEIDAS