Por Marcelo Ortega – Presidente de FilmAndes
Giuliano Da Empoli vuelve a incomodar con La era de los depredadores (Ed Seix Barral 2025). El libro es una observación fina, casi clínica, de un mundo que dejó de organizarse en opuestos claros. Ya no es ellos o nosotros. Ya no es izquierda o derecha. La famosa grieta bipolar quedó chica. Hoy vivimos en una era fragmentada, hecha de pedazos, islas, burbujas y microclimas.
Da Empoli muestra, como lo hizo en Los Ingenieros del Caos, que la selva contemporánea no tiene un solo centro ni un solo enemigo. Tiene múltiples focos de poder, todos móviles, todos inestables, todos hambrientos, todos voraces.
Modo mosaico
El poder ya no baja en bloque ni se ejerce desde una sola torre. Se fragmentó. Circula. Mutó. Ahora aparece en forma de algoritmo, plataforma, influencer, CEO iluminado o líder político que gobierna como si administrara jugando al TEG o al CATAN.
No hay un relato que ordene el caos: hay miles de relatos pequeños que compiten entre sí. Y en ese mosaico, los depredadores seducen. Prometen soluciones simples para mundos complejísimos, imposibles de simplificar.
Nuevos Dioses
Musk, Bezos, Zuckerberg y tantos otros nombres, funcionan como mitologías portátiles. Ya no creemos en dioses clásicos, pero seguimos necesitando creer. Les pedimos que nos lleven a Marte, que nos conecten en medio del desierto y que, de paso, le den algún sentido a esta época desarmada.
Son dioses fragmentarios que prometen mejores parciales en pos de una salvación total (siempre suya obviamente). Un parche acá, una app por allá. (“un médico por allí”, diría Raúl Ricardo) Nos ordenan el mundo y los aceptamos.
Mini depredadores
Da Empoli no se queda señalando a los grandes jugadores. Nos incluye. Y ahí duele un poco más. Porque en esta era fragmentada todos somos, a pequeña escala, mini depredadores. Administramos nuestra identidad como un collage: editamos, borramos, circulamos, optimizamos.
Vivimos en fragmentos y actuamos en consecuencia. Opiniones breves, indignaciones express, compromisos hasta ahí nomás, todo por partes. No gobernamos pero gestionamos burbujas y competimos por atención.
Delegar el sentido
Aquí el libro dialoga con una idea reciente de Andrea Colamedici (filósofo italiano referenciado en una nota anterior: EL MUNDO SERA TLON-Los Andes Mayo 2025): no estamos dominados por la tecnología, sino por nuestra necesidad de delegar el sentido. En un mundo fragmentado, pensar cansa y unir piezas abruma. Entonces entregamos decisiones, criterios y miradas a sistemas que prometen orden sin esfuerzo.
El problema no es que el mundo esté roto. El problema es creer que alguien lo va a recomponer por nosotros.
Piezas sueltas
Algoritmos que influyen elecciones, plataformas que moldean emociones, líderes que gobiernan por trending topic. Todo parece espontáneo, pero nada lo es. Todo parece libre, pero está cuidadosamente encasillado.
Nunca tuvimos tanta información y nunca fue tan difícil construir una mirada común. No hay relato compartido y la democracia dejó de ser una conversación para transformarse en una suma de monólogos simultáneos
Habitar
Tal vez el error sea querer volver a unir lo que ya no encaja como antes. La era fragmentada no se resuelve pegando con nostalgia los pedazos, no es tapar grietas, ni emparchar. El desafío es habitar los fragmentos.
Encontrar fertilidad en lo disperso. Crear desde el recorrido y aceptar que el mapa ya no existe y que hay que caminar igual sin tanto GPS.
17
Siempre se dijo, siguiendo a Marechal, que de los laberintos se sale por arriba y hasta no hace mucho tenía esa frase como cabecera. Quizás haya que animarse a otra cosa: disfrutar transitarlos por dentro. Perderse un poco. Arriesgarse y divertirse en el trayecto.
En La era de los depredadores, Da Empoli ofrece una toma de conciencia. Y en esta época hecha de fragmentos, resistir es caminar con curiosidad, con ganas de crear algo nuevo.
El futuro ya está viniendo en partes. Y hay que seguir (re)armándolo.
