El fenómeno climático tendrá su pico durante finales de este año e inicios del próximo. Pero incluso el inicio de este evento, que empezó a generar nevadas desde junio/julio, alcanzó para dificultar las tareas en la cordillera sanjuanina. Hasta el momento se han registrado variaciones de la temperatura en el pacífico de hasta 4 Cº, lo que deja esta ocurrencia de El Niño en la categoría de muy fuertes o hasta históricas. En su momento de mayor intensidad el resultado en la zona de San Juan variará entre nevadas y lluvias, tanto en la zona andina como en el resto de la provincia.
Este contexto marcará el año minero, desde el inicio de esta temporada de exploración, tanto en lo anecdótico como en lo económico. Esto se debe a que cada empresa tuvo y tendrá que enfrentar condiciones más extremas para desarrollar la actividad. La forma en la que esto se verá depende de si el proyecto trabaja de manera continua todo el año o si frenan durante los meses fríos para volver a la actividad en la primavera. Pero lo que es seguro es que habrá nuevos costos asociados a las condiciones y que cambiarán los cronogramas de trabajo.
Proyectos de temporada, a la espera de una ventana
En San Juan, excepto por los proyectos Veladero, Gualcamayo, Hualilán y Vicuña, todos los desarrollos mineros metalíferos deben frenar su actividad durante los meses de invierno. Esto responde a que el trabajo que están realizando es de exploración y que para esto las instalaciones son de menor complejidad. Las empresas también tienen en cuenta que seguir explorando durante los meses más fríos no solo es prácticamente imposible por el frío y la nieve, sino que no se justifica en términos económicos.
La vuelta al trabajo en estos proyectos suele ser entre septiembre y finales de octubre, cuando comienza el deshielo y han frenado las nevadas que son más comunes en invierno. Pero este 2026 prácticamente ninguno de los equipos ha podido llegar a los sitios antes de noviembre. Uno de los pocos que sí accedió a su campamento de exploración fue el de Fortescue en el caso de su depósito de cobre en exploración Nacimiento, ubicado en Iglesia, al norte de Veladero.
Ayudados por estar más cerca de la zona urbana, ya que el yacimiento está a 50 km del ingreso por la ruta provincial, además de que la cuenca norte de San Juan, del río Jáchal, tiene menos incidencia de nieve, lograron acceder al sitio. Según detallaron desde la compañía a CUYO MINERO, todavía no pueden empezar con las tareas de exploración en sí mismas porque primero están despejando los caminos de nieve, reparando las instalaciones y acondicionando el campamento que está preparado para unas 200 personas, aunque en un principio no superarán las 50.
La llegada de los equipos a los sitios de exploración después del invierno requiere de un operativo especial, que se repite año a año. Los pioneros son los maquinistas que deben ir abriendo caminos, en algunos casos reparando las huellas de años anteriores, y este año enfrentándose a paredes de nieve que pueden superar los 2 metros de altura. Tras ellos están los encargados de gastronomía y turismo, que se encargan de poner a funcionar las instalaciones para el personal.
Este año los proyectos en exploración tuvieron que sumar un nuevo gasto: equipos especializados en prevención de avalanchas. Al haber una gran cantidad de nieve acumulada, deben hacer un análisis de en qué zonas es peligroso transitar o hacer otras actividades como explorar.
Juan Manuel Leaniz, de la empresa Siete Cimas Pro que se especializa en rescates y análisis de riesgo, contó que este año tuvieron más demanda de proyectos que necesitan estas tareas. El empresario contó que ofrecen dos tipos de servicio: uno de análisis inmediato en el que suben al proyecto y ven en qué zonas hay mayor riesgo y otro en el que incorporan personal de forma constante a la campaña.
El proceso para controlar el riesgo de avalanchas incluye “hacer un estudio de manto níveo, la altura, densidad y cohesividad”, explicó Leaniz. Estos datos pueden ir variando durante las semanas, mientras los proyectos se acercan a nuevas zonas o avanza el deshielo. Por eso, explicaron desde Fortecue, para el proyecto Nacimiento decidieron que haya especialistas en avalanchas durante toda la temporada, que harán roster con los trabajadores, incorporando nuevos empleados a esta temporada por sus condiciones.
Incluso esta empresa exigió invertir en más equipamiento en las camionetas que llegarán a sitio, tanto propias como de proveedores. Sumarán snorkels y refuerzos en la cobertura en la parte de abajo, previendo aumentos en los caudales de los ríos. Esto muestra que el desafío de una temporada más cara no será solo para las operadoras y exploradoras, también para el sector de proveedores.
Javier Robeto, country manager de Aldebaran y vocero del proyecto Altar, señaló que para este año los proyectos en exploración ya anticipan más gastos, pero todavía no pueden calcularlo porque no se trata de una tarea que empieza y termina. “Lo que se va a ver mucho es que vamos a avanzar y después el deshielo o más nieve es probable que nos haga hacer otra vez el trabajo de despeje”. Así, dijo, esperan que para este se duplique el gasto en horas máquina y operadores para el acondicionamiento de caminos y campamentos. Esto tiene un fuerte impacto en el presupuesto debido a que es el tercer ítem más caro.
Algo similar esperan desde Los Azules, que tuvo que cambiar sus planes debido al fenómeno climático. Es que este proyecto, el segundo más avanzado de cobre, tenía pensado mantener abierto su campamento intermedio, pero tuvieron que desmovilizar de urgencia durante el invierno. Se encuentran todavía trabajando para ingresar al sitio, al igual que Altar, Pachón y otros ubicados en Calingasta. Estas demoras, aunque reducen costo de tener gente en sitio, se traducen en otro desafío: un cronograma de trabajo con incertidumbre y un posible cuello de botella a futuro.
El impacto que se extenderá durante el año
Las campañas de exploración en minería son la llave para los avances de los proyectos que están todavía en desarrollo. Permiten conocer cuánto mineral hay, dan datos de cómo se podría explotar ese recurso y generan la información que luego se traduce en declaraciones de impacto ambiental, factibilidades o líneas de base. La tarea suele dividirse en cronogramas acelerados de trabajo en sitio durante la primavera, el verano y parte del otoño y luego análisis y elaboración de informes cuando no están en sitio.
Uno de los puntos que planteó Robeto que será desafiante en los próximos meses es que no todos los proyectos podrán cumplir con las metas que se habían propuesto. “Vamos a tener que trabajar y priorizar algunos de los objetivos, cada operadora va a tener que establecer prioridades y algunas tareas pueden quedar afuera”, señaló. Esto tiene que ver principalmente con que tendrán menos tiempo en la cordillera, pero también con que pueden haber zonas inaccesibles y que se rompa parte de la aparatología que ya está instalada, como estaciones de aforo en los ríos.
Este cuello de botella en la actividad puede traducirse en menos avance de los proyectos, pero también otros costos altos asociados. Es que si aumenta la demanda al mismo tiempo en laboratorios que analizan muestras de roca o agua, es posible que las empresas tengan que trasladar sus análisis fuera de la provincia o el país para cumplir con sus cronogramas. También existe temor a que una vez que se abran los proyectos sea más difícil contar con la misma cantidad de perforadoras porque las empresas de mayor tamaño quieran compensar la falta de tiempo con más trabajo simultáneo.
Un caso clave en este sentido es el de Fortescue, que decidió priorizar uno de sus proyectos por ser accesible. La empresa tiene tres depósitos donde está explorando: Susana, Vanesa y Nacimiento. Los dos primeros están en Calingasta y comparten acceso con otras empresas y todavía no pueden ingresar. Por eso el esfuerzo y los 22.000 metros programados para esta temporada se priorizará primero en el último de los proyectos y luego decidirán cómo avanzar con los otros.
Los proyectos anualizados, enfocados en la protección
Aquellas empresas que trabajan todo el año y están en la zona alta de la cordillera tuvieron que empezar mucho antes a tomar medidas por El Niño y también tuvieron gastos imprevistos. Uno de los casos más resonantes fue cuando Veladero tuvo que trasladar a trabajadores de la mina en helicóptero en una movilización preventiva durante julio. Este fue uno de los costos extraordinarios que tuvo que afrontar el proyecto de oro y también lo hizo Vicuña. Según esta última empresa si bien no hicieron uso del servicio, tuvieron que solicitar horas stand by de las aeronaves para hacer viajes en caso necesario.
Para aquellos campamentos que están durante todo el invierno el operativo se concentró en seguridad y también en sostener la transitabilidad dentro de las instalaciones. Si bien desde Vicuña explicaron que no tuvieron que incorporar más stock de víveres, debido a que hubo menos personal del necesario, sí fue necesario reforzar la seguridad y además tuvieron que paralizar sus actividades. Así, a partir de julio las exploraciones en el área de Filo del Sol se detuvieron debido a la acumulación de nieve en esas zonas.
Para el gigante de cobre, oro y plata que lidera la joint venture entre Lundin y BHP el mayor impacto tuvo que ver con la demora en un cronograma de trabajo intenso que tenían planificado. En la futura mina ubicada en Iglesia están explorando Filo del Sol y a su vez obteniendo datos que son clave para la puesta en marcha de la construcción y puesta en operaciones del proyecto. Aun así, desde la empresa dijeron a CUYO MINERO que de momento no hay riesgo de que esto demore la información necesaria para la decisión final de inversión.
Para Veladero la parálisis tuvo que ver con frenar la producción de oro dentro del proyecto. Durante una entrevista radial, el Vicepresidente de Asuntos Corporativos de Barrick, Marcelo Álvarez, explicó que la mina tuvo 70 días de freno en la extracción de metales durante los momentos de mayor intensidad de los temporales asociados con El Niño. Según dijo estuvieron trabajando para poder sostener el nivel de producción que había previsto para este año. A su vez, Veladero tuvo que demorar el inicio de obras dentro de la mina, como la ampliación de la Fase 9 del Valle de lixiviación.
Existe también otro impacto que todavía no se mide de El Niño, en este caso en las cuentas públicas de la provincia. Es que el freno a la producción de los proyectos en actividad puede traducirse en menos liquidación de regalías. A su vez, que los proyectos en exploración debieron demorar sus inicios de campaña implicó una reducción en la actividad de algunas cadenas de proveedores, como fue el caso de perforistas, que tuvieron costos extra por tener personal sin actividad.