La principal preferencia de los emprendedores sociales sanjuaninos es la agroindustria, con la elaboración de vinos y cervezas, dulces y todo tipo de conservas de frutas y hortalizas locales. Pero además decantan la panificación y comidas, seguido de los textiles -incluyendo tejidos y bordados-; y las artesanías, incluidas la marroquinería, maderas, cerámica y mimbre.
Y aunque algunos hombres se animan a emprender cuando quedan desocupados, son ellas las que hacen los negocios cuando llega la crisis. El 70% de los monotributistas sociales que hay actualmente en la provincia son mujeres, de un total de 17.224 según los de la Dirección de Desarrollo Local y Economía Social (Ministerio de Desarrollo Humano), extraídos del Registro Nacional de Efectores.
‘’Las primeras que salen a buscar sustento económico para la familia son las mujeres’’, asegura el titular de la dirección, Mauro Quiroga. El funcionario destaca qué es la economía social: esa parte del mercado que aglutina todas las actividades económicas y prácticas sociales que a través del propio trabajo y los recursos disponibles puede satisfacer las necesidades básicas. Los más de 17 mil emprendedores sociales sanjuaninos son hoy una masa laboral fuerte en San Juan, que factura, puede ser proveedor del Estado, hace sus propios aportes jubilatorios y cuenta con un plan integral de salud a través del pago mensual de $161,50 del Monotributo Social.
El Estado afronta el resto del monotributo (unos $300), en un esfuerzo para incorporar esas personas al sistema. Ese universo está conformado por 8.454 personas, 835 proyectos productivos y 7.935 asociados a cooperativas en la provincia. Un dato que revela su importancia, y salvando las diferencias; es que se trata de un número superior al de mano de obra que emplea la industria local, con unos 14.000 puestos de trabajo según indica el censo del sector. Unos pocos -20 en total- ya han subido un escalón y registraron su marca o signo distintivo del emprendimiento, a través del Programa Marca Colectiva, que se inicia en el Ministerio de Desarrollo Social y culmina en el Instituto Nacional de Propiedad Industrial.
El grupo aumenta o decrece según los vaivenes de la economía. ‘’El desafío no es que permanezcan en la economía social, sino que egresen; que mejoren su calidad de vida y pasen a otra instancia, ya sea porque encontraron un trabajo formal o el emprendimiento se convirtió en pyme’’, explicó Quiroga. Mientras eso ocurra, la política oficial es asistirlos, ayudarlos a veces financieramente con microcréditos o subsidios; o bien con capacitación para insertarlos en el mercado. Desde el 2007 a la fecha han sido otorgados 1.289 créditos y recréditos para comprar herramientas o maquinarias. Y junto con la universidad nacional reciben capacitación periódicamente en marketing y diseño, nociones impositivas o trámites bancarios. Otra acción es brindar un espacio de promoción y comercialización en forma anual -como la feria del próximo fin de semana (ver recuadro)- o permanentes brindando stands para instalar semanalmente en las plazas departamentales.