No es un mero dato folclórico. El anuncio de la presidenta Cristina Fernández declarando al vino "Bebida Nacional", marcó un hecho histórico para la industria vitivinícola del país y rescató conceptos muy arraigados en el Oeste productivo. Porque ese reconocimiento oficializó el protagonismo que el vino tiene en la cultura, en lo cotidiano, en el cultivo de los afectos. Es además el reconocimiento a una industria protagonista de su propia institucionalidad, de su organización como sector productivo y de haber armado un modelo de integración entre lo público y lo privado.
