22 de junio de 2026 - 06:53

Sin RIGI ni RIMI, los olivícolas y pistacheros aseguran que pierden inversiones

Son dos sectores con potencial de crecimiento, pero no califican como pequeñas empresas y no alcanzan los USD 200 millones del primer régimen de incentivo.

Entre los sectores productivos con posibilidad de crecer San Juan tiene dos alternativas clave: los productores olivícolas y los de pistacho. Son a largo plazo, generan exportaciones y se han desarrollado con especial cuidado del recurso hídrico en los últimos años. Además, los dos cuentan con expectativas de crecimiento en la demanda global.

Pero estas condiciones externas e internas positivas se ven frenadas porque no cuentan con un esquema de incentivos, aseguran los productores. Tanto desde la Cámara Olivícola de San Juan como referentes de pistacheros aseguraron a DIARIO DE CUYO que han quedado afuera de las herramientas que propone el gobierno nacional, haciendo que pierdan posibles inversiones.

La crítica de los productores se concentra en que otras áreas de la economía, como la minería, han recibido ayudas como el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) y el Régimen de Incentivo a las Medianas Inversiones (RIMI). Estos plantean ayudas bajando la carga impositiva, atendiendo las condiciones especiales de desarrollo de las inversiones y su potencial exportador.

En cambio, para estos sectores de la agroindustria, no existe un marco regulatorio que los impulse a seguir apostando por la actividad. Si bien hay empresarios que están destinando dinero a hacer crecer la producción de pistacho y olivo, creen que podría haber más volumen de dinero destinados a estas actividades. En paralelo, quienes pueden elegir dónde destinar fondos, se encuentran con otros sectores que sí tienen beneficios y terminan eligiéndolos.

Inversiones bajas para el RIGI y altas para el RIMI

Uno de los filtros que han afectado más a estos dos sectores productivos son los montos que limitan el ingreso a los dos programas que lanzó el gobierno nacional. Es que para poder acceder a los beneficios, se necesita cumplir con valores máximos o mínimos de desembolsos.

En el caso del RIGI, que es el programa que lleva más tiempo funcionando y que en San Juan tuvo muy buenos resultados, con cuatro proyectos aprobados en minería y dos más que están en carrera, el monto mínimo de inversión es de 200 millones de dólares. Estos no son valores que se den en general en el sector agroproductivo de una sola vez y con las condiciones que pide el régimen.

Para el RIMI, el monto mínimo para una Pyme tramo 2 es de 9 millones de dólares, pero muchas de las empresas que están detrás de olivos o pistachos están categorías muchas de ellas como grandes, por lo que no pueden incorporarse. Daniel Fernández, presidente de la Cámara Olivícola de San Juan, aseguró que estas condiciones “dejan fuera a un amplio universo de compañías que invierten en la economía real montos relevantes, por ejemplo entre 10 y 50 millones de dólares, pero no alcanzan los requisitos exigidos para acceder a los beneficios”.

Esto ha puesto un freno al sector, que no puede ingresar al régimen de mayores montos y tampoco está en condiciones de aprovechar el RIMI. Con esto, lo que pierden no es solo la oportunidad de estar en igualdad de condiciones que otros sectores de la economía, como energías, minería y oil&gas, sino también de acceder a beneficios que para el sector agrícola cambiarían por completo la factibilidad.

Fuerte necesidad de incentivos impositivos

Por su naturaleza, la producción de olivos y frutos secos necesitan de condiciones que se adapten a sus procesos y tiempos de desarrollo. Estos cultivos tienen en común que requieren tecnología para ser competitivos, lo que se traduce en grandes inversiones, además de mucho tiempo de espera para poder tener rentabilidad.

Fernández explicó que no tener incentivos “resulta especialmente nocivo en proyectos de largo plazo, que al demorar ocho, diez o más años en generar retornos”. Las actuales condiciones obligan a un productor de pistacho a hacer todo el gasto en un principio de riego, tierras, plantaciones, infraestructura y equipamiento industrial. De ahí queda cerca de una década en la que no hay rendimientos positivos, pero las fincas deben mantenerse de forma constante hasta las primeras cosechas de buen volúmen.

Uno de los puntos que detalló el empresario es que deben pagar IVA durante este periodo, que sin tener actualización por inflación “termina transformándose en un sobrecosto del 21% que desalienta la inversión productiva”.

En el caso de la minería, por ejemplo, el RIGI soluciona parte de estas condiciones, que son similares. Durante los años en los que se pone en marcha el proyecto y alcanza su estado de producción rentable, cuentan con beneficios fiscales. En cambio el sector agrícola debe enfrentarse a estas circunstancias sin ningún atenuante.

Fernández sumó a esto que tanto en el RIGI como el Súper RIGI, otra herramienta que plantea lanzar Nación, se ha previsto “una reducción sustancial de la alícuota del Impuesto a las Ganancias, pasando del 5% al 25% en el primero y el 15% en el segundo”. El empresario criticó que este beneficio “hoy no se encuentra disponible para la mayoría de las actividades productivas del país”.

Agregó que “si se suma la amortización acelerada de los activos incorporados, que permite computar estos costos en los primeros años, muchos proyectos prácticamente no pagarían Ganancias durante un periodo prolongado y cuando finalmente lo hagan, tributarán a una tasa sensiblemente menor”.

El pistacho, una apuesta para el futuro

Patricio Vallejo, referente del sector pistachero y uno de los impulsores de la cámara que hoy está en formación, dijo que la actual situación “genera un techo, es como un pie encima al sector en este momento en el que las condiciones van cambiando de forma constante y que afecta a las economías regionales”. Criticó que no tener ninguna herramienta de incentivo “genera una desigualdad total con otros sectores, donde nos vemos atados de pies y manos y hace replantearse cualquier inversión a futuro”.

Para el empresario, uno de los puntos centrales es que San Juan podría estar perdiendo inversiones por esta falta de condiciones, mientras el mundo está demandando cada vez más pistachos. Hoy la provincia tiene el 90% de la producción nacional pero se encuentra en pleno auge y todavía no logra vender al exterior de forma masiva, porque debe abastecer al consumo interno.

“El sector es uno de los que tiene más potencial gracias a que tiene la marcha pistachos San Juan, nos vimos beneficiados por una cuestión meteorológica y el mercado externo”, explicó. Es que la provincia es uno de los pocos lugares en el mundo donde este fruto se da con capacidad productiva de alta calidad y empezó hace décadas a apostar por este cultivo, aunque todavía con pocas hectáreas.

A esto se suma el boom que hubo en los últimos años, en especial con el chocolate Dubai, que llegó para acelerar un consumo que ya estaba creciendo de forma constante. La guerra en medio oriente también es un impulso para que crezcan los mercados. Pero, por el momento, no hay un incentivo interno en Argentina que impulse a inversores.

“La situación actual es una desventaja total, porque el olivo y el pistacho son apuestas a largo plazo, donde la inversión se hunde y por lo tanto necesita apalancamiento”, dijo. Agregó que en este contexto las herramientas son centrales: “necesitamos que lleguen a las economías regionales para cerrar el círculo de crecimiento económico”.

Para peor, tanto olivos como pistachos deben competir por inversores que hoy pueden apostar por las cadenas que tienen incentivos. “Los fondos no salen de inversiones caseras, sino de grandes grupos, y cuando surgen estas herramientas se terminan enfocando en otro lado y se ven resentidos nuestros sectores”, dijo.

Para Vallejos, un crecimiento en estos cultivos sería central para San Juan, para diversificar su economía y también para “salir del esquema de solo vino y uva”. “Tenemos esa oportunidad con el olivo, que tuvo su explosión y ahora también con el pistacho, que viene atrás porque la primera ola de inversiones fue hace años y ya terminó y la segunda se encuentra con este escenario”, explicó.

Fernández sumó que “muchas veces se considera que por el tamaño de nuestras empresas ya no necesitamos herramientas de promoción, cuando la realidad demuestra exactamente lo contrario: la olivicultura requiere inversiones de largo plazo, con recuperos que pueden demandar entre ocho y diez años”.

Explicó que estas producciones “son inversiones genuinas que generan empleo local, exportaciones y arraigo productivo, pero que muchas veces quedan fuera de los esquemas existentes”. En este escenario, el empresario agregó que “existe un proyecto de ley del Senador Vischi que contempla esta situación de exclusión de estos regímenes” y dijo que están buscando que avance la iniciativa.

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