25 de enero de 2010 - 00:00

Con aires de revolución

Un anfiteatro colmado festejó la propuesta pergeñada por Gerardo Lecich, que el 31 irá al gran Festival.

Ayer, ante un numeroso público que colmó las gradas del Anfiteatro del Auditorio -el excedente se las arregló con silletas-, se presentó "San Juan se juega por el país", la propuesta albiceleste de Gerardo Lecich sobre cómo se vivió la gesta de Mayo de 1810 en estos pagos, y que representará a la provincia el próximo domingo en el imponente Festival de Cosquín. El espectáculo incluyó una previa musical express con el Dúo Vera – Figueroa -ejecutaron con impeques guitarras el Himno Nacional y la platea lo entonó con emoción-, Claudio Rojas -se metió al público en el bolsillo con humor y talento-, el ganador del Pre-Cosquín 2009 Gustavo Trocoso, Guillermo Illanes y finalmente, el dueto Díaz Heredia. Luego, el buen oficio de unos 50 artistas en escena -entre agitados bailarines, elocuentes actores y sólidos músicos- otorgó a la platea la posibilidad de trasladarse a la histórica concreción del primer gobierno patrio al son de narraciones musicales, dinámica danza y entretenido acting. Esta suerte de simulado tentempié -lo que se vió será readaptado a los eternos 20 metros del escenario del Festival y en rígidos 20 minutos-, abrió su caja contextual con un preludio de Pascual Recabarren -con aguerrida locución- y "A deshora de la noche", una tonada que cuenta cómo la noticia de la Revolución de Mayo llegó a San Juan con demora, pero no impidió germinar, si se quiere, el primer acto de federalismo, cuando tomó partido por el nuevo gobierno y comenzó a desapegarse del dominio de Virrey Cisneros. Ese momento crucial, se representó en escena con "El baile del Pueblo" -al sonido de sereno- y posteriormente, con la cadencia de "La Mariquita", una danza tradicional que potenció el alce de pañuelos, agitó los tambores, se lució en zapateo y reforzó el vistoso vestuario de patricios y españoles. Quizás, ese cuadro fue el más compacto y festejado de todos. Luego, el contrapunto de ideas (criollos contra hispanos) se mimetizó con la fusión malambo-flamenco. En ese brote de revelación y tratativas de conciliación, paralelamente, los hastíos esclavos manifestaban su adhesión al cambio con "Todo San Juan festeja la revolución", una entretenida celebración de ritmo candombero, cuya letra -como todas las escuchadas- fue creada por el puño de Lecich. Finalmente, el grito de independencia llegó con el unificado saludo final y un gato cuyano. ¿Resultado? La populosa platea aplaudió de pie a "San Juan se juega por el país" con muchas ganas y notorio entusiasmo de satisfacción.

En resumen, lo que propone Gerardo Lecich para Cosquín, se anticipó como un atractivo entramado de indumentaria alegórica, buena coordinación de baile, efectivo relato sonoro -aunque con algunos desperfectos técnico- y sustentable sentimiento patrio -todo bajo el unificador manto del folclore, aunque con sus licencias, claro-.

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