El encargado de abrir la gala de la 90 edición de los Premios Oscar era, nada menos, Jimmy Kimmel. El cómico hizo referencias al buen amigo Oscar, asegurando que, a sus 90 años, "probablemente esté en su casa siendo Fox News".
 

Tras la broma, tenía palabras de elogio y explicaba por qué se le adora en todo el mundo: "Es el premio más querido y respetado. Las manos están donde deberían estar, no dice palabrotas y no tiene pene".
 

El citar aquella parte de la anatomía masculina le servía para traer uno de los grandes temas de actualidad: los casos de abusos y acosos sexuales. "Lo que pasó con Hervey Weinstein no pasó con nadie más. Tenemos que ser ejemplo, nos vigilan. Campañas como el 'Me Too' traen un cambio positivo", recordaba antes de añadir que, si bien era bueno, igual las mujeres iban a tener que estar más atentas a esta problemática fuera de su puesto de trabajo.
 

Una vez tocado el tema importante de la noche y tras hacer una batida por las candidaturas más sonadas, llegaba la parte final en la que Jimmy podía explayarse en la parte cómica: la referente a lo largos que son los discursos.
 

"La primera ceremonia de los Oscar duró 15 minutos y la gente se quejaba. Si conseguimos ganar un Oscar esta noche, podéis dedicarlo a quien queráis o mandar a vuestros hijos a la cama, pero esta es una gala muy larga. Así que, vamos a hacer lo siguiente: el que haga el discurso más corto ganará una moto acuática", explicaba antes de que apareciese una moto acuática detrás de un telón.
 

"¿Para qué malgastar el tiempo agradeciéndoselo a tu madre, si puedes llevarla a dar una vuelta en una moto de agua? Si hay un empate, se la lleva Christopher Plummer", añadía.