"No todo lo que brilla es oro" dice el dicho popular y viene más que bien para contextualizar a la 82da. edición de los Oscar que se transmitirá esta noche por TV -ver recuadro-. Es que además de descifrar el enigma nacional que impera en la fecha (sabremos si gana o pierde El Secreto de sus ojos como Mejor Película Extranjera), existe un territorio de desconocidos, que merodea a la alfombra roja, trabaja como canes (algunos sacan su rédito) y comparten un mismo fin: aportar el acabado glam. Ese microplaneta aledaño, está habitado por gente que se desloma para que todo salga OK (chefs, porteros, choferes, etc.), por colonias cholulas que protagonizan odiseas para estar a un metro de sus ídolos (y pagan lo que sea), por comerciantes que "se hacen la América en estos días" y hasta por individuos que regatean precios para alquilar un esmoquin -y simular estar a tono con las etiquetas que usará Brad Pitt o el canoso Clooney-. La mayoría son N.N, no gozan del beneficio VIP de las celebrities y reside en Los Ángeles (y no en mansiones). O sea
Sobreexigencia dorada
"Son dos días frenéticos, la gente está sobreexcitada. Corre de un lado a otro y se desvive para que lo que se vea salga perfecto", dijo Mike Topalian, que viste para la ocasión a decenas de invitados. Mike acierta. Esa premisa homogénea (y casi inhumana) tiene decenas de millones de razones. Sí, son los espectadores globales que están en sus casas mirando con atención la gran fiesta del cine (y criticando a mansalva todo lo que puedan). Es que Mr. Oscar, engendra tanta euforia, que muchos gatillan hasta 20 mil dólares para ocupar un lugar privilegiado en la red carpet (más próximo a la star, más cash). No es en vano. Esa alfombra pasional (la antesala más colorida de la premiación), reúne a un ejército actoral en apenas unos metros cuadrados y resulta muy tentador para los fanáticos y curiosos. Pero no todo es tan sencillo. El acceso peatonal a la zona esta cerrado y derriba expectativas. Simri Soto, un portero mexicano que trabaja justo en el edificio que está en frente del teatro Kodak (base de gestación y donde hay un buen acceso visual a la alfombra roja), contó que "la gente siempre ofrece dinero porque quiere la mejor vista o el asiento más cercano para ver y grabar todo. Pero no lo aceptamos, por mucho que rueguen". "No dejamos pasar ni a la policía con sus rifles", añadió el incorruptible (y mezquino) tequilero de la maestranza. Soto también explicó que su jefe recibió ofertas de hasta 20 mil dólares por permitir la entrada a la terraza del edificio. "Mi jefe ha tenido la posibilidad de aceptarlo por debajo de la mesa, pero no lo hizo", declaró orgulloso. Otro de los que integran el background de la velada incandescente, es su compatriota David Torres. LLeva 20 años ayudando a montar el inmenso y protocolar escenario del codiciado lauro y aseguró que "para mí es trabajo, no tiene ninguna emoción. Cuando termine todo esto seguiré ayudando a organizar otros festejos, nada más", apuntó su hartazgo. Los periodistas también se agotan. Hay más de 250 medios acreditados para el evento y la organización repartió cerca de 2 mil pases. Todos ellos, al menos los muchachos, tendrán algo en común además del vaivén laboral: el esmoquin (prenda ineludible para asistir a la ceremonia). Hay de todos los precios y colores. Los más afortunados, obvio, son los propios actores y determinados presentadores de televisión, que lucen los trajes prestados por las marcas premium (gracias al inefable canje). Otros, en cambio, deben contentarse con alquilarlo de la forma más barata posible (cuestan entre 60 y 75 dólares por traje). Pero los más beneficiados aquí, son los propietarios de las tiendas entendidas. El armenio Topalian, regentea un local de estas prendas (a escasos metros del teatro Kodak), y asegura que éste es "el mejor momento del año" para su negocio.
"Es temporada de premios y duplicamos la ganancias, porque los Oscar disparan el trabajo y nos viene muy bien en épocas de crisis", comentó feliz. Quedó claro. Esta noche la estatuilla seducirá al mundo con purpurina, distinguirá lo eximio, promoverá bonanzas y tal vez, dará una alegría con la estoica "El Secreto de sus ojos". Eso sí. Su lustre necesita de sacrificio anónimo y eso no se muestra por TV.

