Campaña solidaria: el rinconcito musical de la Escuela Industrial que busca crecer

Se trata de la Instrumentoteca Buenaventura Luna, inaugurada en 2025. Los exalumnos lanzaron una cruzada para conseguir más instrumentos

Tras la feliz inauguración en el 2025 de la Instrumentoteca “Buenaventura Luna”, ubicada en la Escuela Industrial Domingo F. Sarmiento, una nueva campaña solidaria impulsada por los exalumnos busca fortalecer este espacio artístico único, solicitando la donación de instrumentos musicales.

La concreción del proyecto y las donaciones de aquel momento -dos guitarras- transformaron el antiguo depósito en un refugio musical, pero la demanda estudiantil supera el modesto inventario disponible en la institución educativa sanjuanina, por lo que decidieron realizar una cruzada para equiparlo.

La campaña solidaria

A pesar del entusiasmo inicial y de las donaciones que permitieron adquirir flautas, pianos eléctricos y percusión, el crecimiento del alumnado requiere una mayor infraestructura. Francisco Vera -profesor de la institución al frente de la Instrumentoteca y uno de los impulsores del espacio- comentó a DIARIO DE CUYO que el objetivo es que los chicos puedan desarrollar su talento incluso fuera del horario curricular.

"Si bien contamos con algunos instrumentos, y también nos donaron dos guitarras, no se llega a cubrir las necesidades totales", explicó Vera.

En esta nueva campaña lanzada por los exalumnos de la Escuela Industrial, se hace especial hincapié en la necesidad de guitarras y teclados, los elementos más solicitados por los estudiantes. No obstante, la invitación es abierta: cualquier instrumento que se encuentre en buen estado será bienvenido para que la música siga abriéndose camino en los pasillos de la escuela técnica.

download

El origen del proyecto en la Escuela Industrial

La iniciativa nació de una necesidad urgente detectada por el profesor Francisco Vera y la jefa del departamento, María Isabel Paredes. Al notar que los alumnos de primer año no contaban con herramientas suficientes para sus clases de música, decidieron convertir un rincón olvidado en un faro cultural.

El espacio elegido fue un antiguo depósito en el subsuelo de la escuela, una estructura estrecha de apenas 1,70 metros de ancho por 6 metros de fondo que albergaba archivos y máquinas en desuso. Con el respaldo de los directivos y el trabajo de los propios técnicos de la escuela -muchos de ellos también músicos-, el lugar fue reacondicionado para albergar sonidos en lugar de trastos viejos. El nombre elegido, Buenaventura Luna, rinde homenaje a una figura icónica de la cultura provincial y nacional, inspirando a los jóvenes a conectar con sus raíces.

LAS MAS LEIDAS