Hay separaciones que dejan mucho más que titulares y acuerdos legales. A veces, lo que queda en el medio es una mascota, y con ella, todo un mundo de afectos, rutinas y hasta reclamos inesperados. Así quedó expuesto en la última emisión de un ciclo radial donde Marcia Frisciotti, panelista de Puro Show (El Trece), dio a conocer el trasfondo de la conflictiva división entre Chechu Bonelli y Darío Cvitanich, marcada por la tenencia de Frida, la perra de la familia.
Todo comenzó con el enigma de una pareja mediática en conflicto por una perra. Pochi fue directa: “La pareja que había estado en conflicto por una mascota, que se llama Frida la mascota”. Según detalló Frisciotti, la dinámica familiar tras la separación implica que las hijas de la pareja alternan semanas en la casa de cada uno. Sin embargo, la logística para Frida no fue tan sencilla. “Al principio iba y venía de una casa a la otra, hasta que en un momento se plantea que la perrita efectivamente se quede en la casa que tenía más ayuda para que esté acompañada”, explicó, en referencia a la casa de Chechu.
A pesar de la tenencia compartida de las niñas, la panelista aclaró que Cvitanich paga dos empleadas todo el mes para que siempre haya ayuda en la casa de su ex, incluso cuando las hijas están con él: “Él alquila una casa en Nordelta y no tiene ayuda todo el tiempo. Solo cuando van las chicas, para que Chechu tenga full ayuda cuando están las nenas, aunque estén con él”.
Pero la historia dio un giro inesperado cuando, según relató Pochi, Cvitanich se enteró de que Chechu había regalado la perra a una de las empleadas. “Le pidió a uno de sus hermanos que viniera de Baradero a buscar la perra para que quede en la familia de Baradero y no con un extraño”, relató. “Quedó en la familia Civtanich”, resumió la panelista.
El trasfondo incluye también el impacto en las hijas. “Los nenes se habían enamorado del perrito también. Entonces eso es lo que me llama la atención. ¿Sabés lo que es sacarle un perrito a un chico?”, reflexionó Pochi, exponiendo el costado más difícil de estos acuerdos no escritos. A pesar de que Cvitanich ofrece ayuda financiera y logística, la convivencia diaria con la mascota resultó inviable para Chechu, quien, según la panelista, priorizó su rutina laboral y personal, aun contando con apoyo en casa.
La charla derivó entonces en otras aristas del vínculo post divorcio. “Chechu cada vez que hay un cumpleaños lo sumaría a Cvitanich a los grupos de mamis para que él se ocupe también de hacer, de pagar los regalos”, contó Pochi, agregando que, aunque no es algo habitual, la modelo prefiere que el exfutbolista también asuma ese tipo de responsabilidades. “Va por todo lo económico, porque sé que hoy es lo único que le puede dar por lo menos una estabilidad”, analizó Frisciotti, diferenciando el tema de los regalos del de la mascota, que “va por otro lado”.
Durante el intercambio, la panelista sumó una mirada sobre los roles tradicionales en la organización familiar. “Es algo que usualmente hace la madre, pero entiendo que cuando el hombre toma distancia, dice: ‘Yo tengo a las chicas una semana, vos otra. Yo te dejo la casa, te pago dos empleadas, pago los colegios, pago las obras sociales y vos podés aportar algo, tal vez un regalito que sale quince mil pesos’”.
Mientras tanto, Frida, la perra que alguna vez unió a la familia, encontró un nuevo hogar en Baradero, bajo el cuidado de un familiar de Cvitanich. . Una historia de separación, rutinas cruzadas, economía compartida y un perro que, sin buscarlo, se volvió protagonista.