En el marco de la 44ª Temporada del Mozarteum San Juan, la agrupación cordobesa Camerata Docta desembarca en la provincia con Insomnia, una velada conceptual diseñada para desafiar las formas convencionales. Aquí, el concierto tradicional muta para convertirse en una atmósfera envolvente donde la vibración acústica se entrelaza en directo con las artes visuales.
Lo que vuelve verdaderamente singular a Insomnia es su negativa a ser simplemente un recital de música académica. La propuesta fusiona el rigor interpretativo de un ensamble de cámara de cuerdas y piano con una intervención estética en tiempo real. A medida que los instrumentos ejecutan sus pasajes, las artistas visuales Valentina Cuello y Lucía Fourcade (integrantes del colectivo Elypsis) proyectan diseños e imágenes que dialogan de forma dinámica con cada acorde, convirtiendo la sala en un espacio multidimensional. Lejos de funcionar como un mero fondo decorativo, la luz y la forma reaccionan ante la acústica, estimulando al espectador desde dos frentes expresivos de manera simultánea.
El nuevo espectáculo de Mozarteum San Juan, que integra la música de Camerata Docta y las proyecciones de Elypsis Arte Visual, subirá a escena en el Teatro del Bicentenario
De la mística europea al jazz neoyorquino
El itinerario sonoro elegido por el ensamble, conducido artísticamente por el violinista Mariano Ceballos, transita por temperamentos contrastantes. El programa se abre paso a través del misticismo contemplativo de Arvo Pärt y su célebre Fratres, para adentrarse luego en las complejidades poliestilísticas y la carga emocional del Quinteto con piano de Alfred Schnittke. A este viaje de claroscuros se suma el lirismo intimista del Impromptu, op. 5 de Jean Sibelius, configurando un terreno expresivo ideal para la interacción con las proyecciones artísticas.
El broche de oro de la noche aportará una transformación drástica en la atmósfera con la interpretación de Rhapsody in Blue de George Gershwin, en una versión arreglada para piano solista y ensamble de cuerdas. Con Fabricio Rovasio al frente del teclado, la obra emblemática del repertorio estadounidense aportará la energía rítmica y el espíritu del jazz, cerrando un puente estético entre la solemnidad europea y la modernidad americana.