Russell Crowe y Rami Malek: el magistral duelo en Nuremberg

Dirigida por James Vanderbilt, la película que estrena hoy en San Juan abandona las formas del drama judicial para bucear en la mente de “la mano derecha” de Hitler.

¿Es el mal una patología o una elección? A ochenta años desde que el mundo comenzó a adentrarse en los pormenores del horror del Holocausto y de los crímenes de lesa humanidad, el director James Vanderbilt llega a la gran pantalla con Nuremberg, película magistralmente estelarizada por Russell Crowe y Rami Malek.

Se trata de una mirada que se aleja de los manuales de historia y que tampoco busca recrear el juicio desde los estrados, sino exponerlo desde la perspectiva psicológica e íntima de uno de sus responsables.

El nazi y el analista

La película sitúa al espectador en 1945. Mientras los Aliados recogen las cenizas de Europa, el psiquiatra Douglas Kelley (Malek) recibe un tremendo desafío: adentrarse en la mente de los jerarcas nazis para determinar si son aptos para ser juzgados. Su pieza central, su "ballena blanca", es Hermann Göring (Crowe), "mano derecha" de Hitler, quien lo ungió oficialmente para que fuera su sucesor en caso que fuera necesario.

Basada en la investigación de Jack El-Hai, la cinta se construye como una partida de ajedrez en un espacio mínimo, donde el villano no es el típico de las películas. Kelley enfrenta a un Göring complejo y magnético, carismático y perverso.

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Russell Crowe y Rami Malek, el jerarca nazi y el analista

Russell Crowe y Rami Malek, el jerarca nazi y el analista

Duelo de titanes: Russel Crowe vs. Rami Malek

El gran valor de esta producción reside en su choque actoral. Por un lado, Russell Crowe recupera su mejor versión, entregando un personaje "deliciosamente malicioso". Por el otro, Rami Malek ofrece el contrapunto perfecto: una actuación contenida, de nervio puro y mirada inquisitiva.

Vanderbilt describió la relación entre ambos como la de "dos boxeadores intentando encontrar el punto débil del otro". Mientras el psiquiatra intenta alimentar el ego de Göring para que confiese secretos, el líder nazi intenta humanizarse, manipulando la narrativa para presentarse como un simple espectador de una tragedia que él mismo ayudó a orquestar. Es una conexión eléctrica que mantiene al espectador al borde del asiento, cuestionando quién está realmente al mando en ese cuarto de 4 x 3 metros.

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Russel Crowe, como el

Russel Crowe, como el "magnético" Hermann Göring

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Rami Malek como el psiquiatra Douglas Kelley

Rami Malek como el psiquiatra Douglas Kelley

El horror sin maquillaje

Para Vanderbilt era vital que el horror no se sintiera actuado y para eso tomó una decisión arriesgada: prohibió a sus actores ver las imágenes reales de la liberación de los campos de concentración hasta el momento exacto de filmar la reacción en el tribunal. El resultado es una captura de espanto genuino. Los rostros de Malek y Crowe en esas escenas no son solo actuación, sino el impacto real frente a lo indescriptible.

Con un elenco de reparto sólido —donde Michael Shannon pone la cuota de sobriedad necesaria frente al desborde actoral de la dupla protagónica—, Nuremberg se aleja de la solemnidad vacía. Una película que demuestra que los monstruos no siempre tienen garras ni cuernos; a veces, tienen una sonrisa encantadora y una mente brillante.

Datos curiosos

  • El libro en el que se basa: La película adapta The Nazi and the Psychiatrist de Jack El-Hai. El autor descubrió las notas originales de Douglas Kelley en una caja que la familia del psiquiatra había guardado durante décadas. Estas notas revelaron que Kelley se obsesionó tanto con la mente de Göring que su propia salud mental se vio afectada.
  • El Test de Rorschach: En la vida real y en la película, Kelley le aplicó a Göring y a los otros 21 líderes nazis el famoso test de las manchas de tinta (Rorschach). El objetivo era científico: buscaban una "huella criminal" común. Lo que descubrieron fue más aterrador: no eran enfermos mentales, sino personas con un coeficiente intelectual muy alto y una capacidad de adaptación social normal.
  • La transformación de Russell Crowe: Para interpretar a Göring, Crowe no solo trabajó su acento alemán (que la crítica describe como "delicioso y cínico"), sino que también se sometió a intensas sesiones de maquillaje y prótesis para igualar la contextura física del jerarca nazi, quien era conocido por su obesidad y su adicción a la dihidrocodeína (un analgésico derivado del opio).
  • La paradoja de Douglas Kelley: Un dato sombrío que la película explora de soslayo es el destino del psiquiatra. Años después de los juicios, Douglas Kelley se suicidó (en 1958) utilizando cianuro, de la misma forma que lo hizo Hermann Göring en su celda. Muchos historiadores sugieren que el contacto prolongado con la mente de Göring dejó una marca imborrable en él.

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