Las nochecitas de verano sanjuaninas pueden ser un gran aliciente para salir el encierro de casa y pasar un buen momento afuera. Y qué mejor que aprovecharlas aprendiendo algo nuevo -quizás una vieja deuda pendiente- o practicando algo ya sabido, un poco más distendidos. Pues bien, eso parecen opinar decenas de sanjuaninos que ya se han volcado a las clases de tango que se están dictando en distintos puntos de la provincia. Basta dar una vuelta por el Parque de Mayo o la Plaza de Santa Lucía, por ejemplo, para contemplar a hombres y mujeres de todas las edades, con más o menos experiencia, disfrutando de un buen tango (algunos también incluyen folclore). Puede ser con pareja fija o bien ocasional; y siempre están asistidos por bailarines y profes reconocidos en el ruedo local, dispuestos a salvar todas las dudas y a no dejar a nadie afuera. Claro que también están los que gustan de ir a acompañar o simplemente a escuchar y ver, reposera y mate de por medio. ¡Y también vale!
“Realmente estamos muy contentos con la respuesta de la gente a los talleres y encuentros de verano. Van muchos de los que ya son seguidores, pero también hay muchas caritas nuevas participando, y de todas las edades”, comentó Elvira Ortiz, presidente de la Asociación de Milongueros de San Juan, quien no se abstuvo de incentivar a otros a seguir sus pasos.
“Lo recomiendo porque es un momento recreativo, de integración social, que tiene muchísimos beneficios psicológicos, emocionales y también físicos. Todos los bailes los tienen, y en particular el tango, por su tiempo musical. Además de disfrutar de ese abrazo que es tan sanador”, agregó.
“No hace falta tener conocimientos previos. Estas clases públicas se dan siempre para gente que, en general es principiante. Y si hay gente con más conocimientos, se separan en grupos, así que todos tienen sus actividades. Nadie tiene que tener el temor de no saber, ni decir “para qué voy a ir”, al contrario. No es un limitante el no saber, y es muy bueno que vayan para aprender”, concluyó Ortiz.