4 de abril de 2015 - 00:00

El Papa denuncia las lacras de la actualidad

Recordó a los “cristianos decapitados”. Antes había rechazado a los sacerdotes “aburridos” con cara de “vinagre”. Mirá la galería de fotos.

El papa Francisco presidió ayer el Vía Crucis en el Coliseo de Roma y, a su término, denunció con firmeza las lacras o problemas que afligen al mundo en la actualidad, representadas todas ellas en “la crueldad” del calvario de Cristo.

El pontífice siguió este acto desde la colina del Palatino, situada frente al Anfiteatro Flavio, y a sus pies se congregaron miles de personas que asistieron a esta sugestiva ceremonia que rememora el camino de Jesús de Nazaret hacia su ejecución y muerte.

Al término de la misma, pronunció una breve alocución en la que denunció la “crueldad” de algunas situaciones actuales que se corresponden, a su juicio, con el calvario de Cristo, como la corrupción o la indiferencia de las personas ante quienes sufren.

“En la crueldad de tu Pasión, Señor, vemos la crueldad de nuestras acciones y a todos los abandonados por los familiares, por

la sociedad. En tu cuerpo herido vemos a aquellos desfigurados por nuestra indiferencia”, lamentó en tono sobrio.

También recordó a “nuestros hermanos cristianos” que “son perseguidos, decapitados y crucificados ante nuestros propios ojos

y, a menudo, con nuestro silencio cómplice”. Durante el Vía Crucis, de más de una hora de duración, el Papa permaneció sumido en un profundo recogimiento.

Más temprano, Francisco encabezó la tradicional liturgia de Viernes Santo en la Basílica de San Pedro, en el Vaticano, una ceremonia cargada de silencio y gravedad en recuerdo de la pasión de Cristo. Al comienzo de la misa los sacerdotes se arrodillaron frente al altar y el pontífice argentino rezó con su cara contra el suelo. Tras ello, leyó la historia de la pasión de Jesucristo y se procedió a la adoración de la cruz.

Durante la homilía de la misa Crismal del Jueves Santo que celebró en la basílica de San Pedro, indicó a los sacerdotes que no pueden ser “pastores con cara de vinagre, quejosos ni, lo que es peor, pastores aburridos”. Y reiteró la necesidad de pastores “con olor a oveja” y “sonrisa de padre”. “Nada que ver con esos que huelen a perfume caro y te miran de lejos y desde arriba”, agregó. Efe

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